1. Algunas notas sobre el comercio internacional
Definimos al comercio como el intercambio tanto de bienes como de servicios entre los países de la economía mundial (Godin, Reinert; 2007). Éste puede considerarse un bien público global, entendido como un bien que arroja beneficios más allá de las fronteras, las generaciones y los grupos poblacionales. El mercado, por si solo, no puede regular enteramente este comercio; es necesaria la intervención de los Estados en su regulación para asegurar su preservación y continuidad. Esta actividad está estrechamente ligada a las cuestiones de desarrollo de los países, tanto a nivel económico, como social, política e institucional.
El comercio ha existido desde los inicios de la historia de la humanidad, mutando considerablemente a través de los siglos. A nivel teórico, esta actividad encuentra su mayor justificación en términos de eficiencia en el mercado a través de la premisa de David Ricardo de las ventajas comparativas de los países, que brevemente puede ser expresada así: si un país A es más eficiente produciendo un producto que el país B, lo lógico es que el país B compre lo que produce A. La simetría perfecta sería que otro bien que produce el país B sea para el país A un faltante en su producción económica y entonces lo compre al país B. Este esquema que en teoría parece simple y fácil de “racionalizar”, en la práctica adquiere numerosos matices, relacionados con la estructura económica interna de cada país, las presiones políticas y sociales detrás de la producción, etc.
Las relaciones comerciales entre los países están definidas principalmente por la potestad que tienen de definir los aranceles a los productos extranjeros y por otras medidas para arancelarias que intervienen en el comercio. Estas decisiones políticas afectan directamente los acuerdos comerciales que pueden hacer los privados que exportan e importan bienes al interno de los países involucrados. Por lo tanto es necesario que los países acuerden en la arena internacional cuáles serán los términos de su intercambio que garanticen los acuerdos comerciales que hacen los actores privados. Entonces, es necesario un marco de seguridad y credibilidad entre países que de alguna manera “garantice” dichos términos de intercambio.
En la mayor parte de los períodos de la historia, han sido las grandes potencias económicas y coloniales, quienes digitaron el rumbo del comercio a nivel local, regional y hasta mundial. Los siglos XX y XXI son testigos del crecimiento en la cantidad de actores en la escena global (más países y más actores no tradicionales). Esto resultó en una proliferación y modificación en los sistemas económicos y por ende comerciales, que conllevó profundos replanteos en el sistema comercial del mundo. Estos cambios no sólo tuvieron que ver con los productos que se comercian y con quien se comercia, sino que también introdujeron la necesidad de regular las actividades comerciales de manera mucho más globalizada, transparente y duradera. Surge la necesidad de hacer más eficaces los acuerdos alcanzados a los distintos niveles, así como también crear mecanismos institucionales que de alguna manera, ordenen el comercio internacional.
Entonces cabe preguntarse¿qué justifica la cooperación entre los países, en términos comerciales? Podemos encontrar varias respuestas a este interrogante, identificando diferentes características del comercio internacional, sus actores y motivaciones.
La mayor justificación en este caso, siguiendo a Aggarwal (AGGARWAL, V; 2001), es que la cooperación comercial es uno de los medios más eficaces para evitar las guerras comerciales que podrían sucederse si los países unilateralmente aumentaran los aranceles a las importaciones de bienes y servicios.
El fundamento de esta concepción es que los gobiernos, a la hora de tomar decisiones de política comercial, tienen en cuenta no sólo las premisas de la eficiencia que destaca Ricardo en su teoría, sino sobretodo las consecuencias internas que dichas políticas puede traer. Es decir, lo que mueve a los países es el interés nacional de preservar o fomentar ciertos sectores, más allá de que no sean necesariamente los más eficientes. Esto quiere decir que, la mayoría de las veces, los países no buscan cooperar en pos de la eficiencia económica sino en pos de la preservación de sus propios intereses económicos (que son más profundos que los meros intereses comerciales).
Los mayores incentivos para cooperar entre países, entonces están dados a partir de darle a los acuerdos una mayor credibilidad y ampliar los mercados a los que se puede acceder. En este sentido, el rol de las instituciones internacionales de comercio tiene que ver con ser:
Facilitadores de la cooperación internacional entre fuerzas heterogéneas
Supervisoras de los acuerdos comerciales
Generadoras de normas comunes.
Siguiendo a Aggarwal, podemos identificar diferentes régimenes en términos de comercio internacional, que muchas veces se superponen en un mismo período de tiempo. Los regímenes se definen y caracterizan por varias cuestiones, como hemos visto en fichas anteriores. En este caso, se definen diferentes regímenes según el ámbito geográfico que involucren, la cantidad de sectores económicos sobre los que traten y los objetivos que persigan.
El siguiente cuadro resume los regímenes posibles y proporciona ejemplos prácticos:
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De esta forma vemos que diferentes tipos de actores participan en el comercio internacional: por un lado tenemos a los países (pueden ser hegemónicos, de poderes medios y bajos), éstos se nuclean en bloques para defender sus intereses de manera más eficiente, también tenemos la participación de distintos grupos de interés internos como también transnacionales, empresas nacionales y transnacionales, comunidades epistémicas. Todos ellos influyen en la toma de decisiones de política comercial a nivel interno, como en el plano de las negociaciones internacionales.
Podemos identificar una segunda motivación en cooperar a nivel internacional que tiene que ver con la concepción de que el incremento del comercio internacional puede ayudar a aliviar la pobreza “mediante la creación de empleos, mayor competencia, mejoras en la educación y la salud y el aprendizaje tecnológico” (Godin, Reinert; 2007: 39). Sin embargo, hay que tener en cuenta algunas consideraciones que relativizan esta afirmación: el incremento del comercio per se no produce estos beneficios sino tiene que estar acompañado de infraestructura y políticas de capacitación complementarias. Ahondaremos más en este tema en la sección destinada a la cuestión sensible del comercio agrícola.
Cabe entonces preguntarse, teniendo diferentes tipos de regímenes que permiten lograr la cooperación, cuál es la diferencia entre unos y otros. Si el objetivo es liberalizar el comercio, ¿son más efectivos los Tratados de Libre Comercio entre países o los acuerdos a los que se puede llegar en la OMC?
Es necesario analizar la cuestión en relación a lo que ya sabemos que son los regímenes internacionales y sus principales componentes. Algunos especialistas consideran que los TLC o acuerdos regionales que buscan la liberalización comercial, de alguna manera “entrenan” a los países a acordar términos comerciales que les facilitan luego las negociaciones multilaterales. En este caso, los TLC estarían complementando los procesos de liberalización comercial multilaterales. Pero, por otra parte, es un hecho que muchos países adquieren, a través de los TLC, beneficios que no les conviene multilateralizar en la OMC. En este caso, los TLC o acuerdos regionales podrían atentar contra la consecución de acuerdos en la arena multilateral. Muchas veces los TLC permiten el desarrollo de sectores en base a las preferencias de dichos acuerdos que en el plano multilateral bloquean la integración regional. En general, los TLC suelen tener una visión más de corto plazo y en aspectos sensibles, no suelen generar cambios demasiado profundos.
Desde el inicio de la OMC (1995) hasta 2005, se generaron 196 nuevos tratados, a razón de 11 por año, de los cuales los más comunes son los TLC bilaterales. Esto nos da la pauta de que es preciso analizar críticamente la actuación de la OMC en tanto régimen regulador del comercio internacional.
2. Agenda Setting en el comercio internacional
En término de los temas que se tratan, la agenda del comercio internacional suele estar influenciada por las cuestiones de seguridad global, como por ejemplo la creación del GATT a instancias de USA en los inicios de la Guerra Fría. En particular, USA tiene una gran importancia como agenda setter en temas comerciales. Como se decía al inicio, el comercio tiene relación con otros temas importantes para el sistema internacional (cuestiones de desarrollo, derechos humanos, medio ambiente, etc). Por eso, en las negociaciones comerciales y en las eventuales herramientas institucionales que se generan, estos temas se entrecruzan.
2.1. El GATT-OMC
La Organización Mundial del Comercio (OMC) es el foro permanente de discusión de negociación de acuerdos comerciales multilaterales, del que forman parte 153 países. También es el ámbito de resolución de controversias comerciales a nivel internacional.
Los objetivos principales de esta organización son lograr:
- la máxima libertad posible para las corrientes comerciales,
- la eliminación de obstáculos y distorsiones en el comercio y
- una mayor transparencia y previsibilidad en las políticas comerciales de los estados miembros.
Sus principios fundamentales son:
- Nación más Favorecida: los beneficios comerciales otorgados entre países deben multilateralizarse. Es decir, si un país le da a otro beneficios comerciales, debe extenderlos a todos los países integrantes del sistema. Existen excepciones, como el caso de los acuerdos de libre comercio, y desde 1964 se adoptó el principio de trato especial y diferenciado para los países en desarrollo, basado en mayores plazos para implementar los compromisos.
- Trato Nacional: una vez que un producto ingresa a territorio nacional (importación) debe recibir el mismo trato que los productos nacionales de ese país.
- Transparencia y Previsibilidad: el reemplazo de las barreras no arancelarias por aranceles y la consolidación de compromisos en torno a los mismos hace que el comercio sea más transparente y previsible.
- Competencia leal: a través del logro de condiciones equitativas del comercio.
La OMC se estableció formalmente en el año 1995, tiene su sede permanente en Ginebra y es fruto de la evolución y modificación del GATT. Previo a la conformación de la OMC existían una serie de acuerdos (el acuerdo principal del GATT más una numerosa cantidad de acuerdos adicionales, entendimientos, códigos) y una organización provisional que se encargaba de los asuntos administrativos referentes a la implementación de dichos acuerdos. El sistema funcionaba (al igual que ahora) mediante conferencias ministeriales que se reunían cada dos años y donde se negociaban las reducciones arancelarias y demás temas que luego se irían incorporando en la agenda.
En las primeras cinco rondas del GATT (1947: Ginebra, 1949: Annecy, 1951: Torquay, 1956: Ginebra, 1960: Ginebra) participaron en promedio 26 Estados y la agenda de negociación se centró casi exclusivamente en las reducciones arancelarias a los productos manufacturados. A partir de 1964, año en que se incorporó el principio de trato diferencial para los países en desarrollo, comenzó a sumarse una gran cantidad de Estados en desarrollo, lo que elevó el número de participantes de la ronda Kennedy (años 1964-1967) a 62 miembros. En la siguiente ronda (Tokio) el número de participantes fue de 102 y en la de Uruguay de 123. Al tiempo que la economía internacional evolucionaba y se agregaban nuevos miembros con diversos intereses los temas se ampliaron (especialmente después de la ronda Tokio).
La Ronda Uruguay reviste gran importancia ya que de ella surgiría la OMC como organización permanente y se incluiría en la agenda nuevos temas como agricultura, textiles, propiedad intelectual, servicios, etc. Entre el GATT y la OMC, no solamente hay una diferencia en relación a las cantidades de países involucrados y los temas tratados, sino que también hay diferencias en la institucionalización del ámbito y los mecanismos de negociación y solución de controversias. Para comprender mejor el alcance del paso del sistema del GATT al de la OMC puede resultar útil este cuadro comparativo:
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2.2. Resultados del GATT y de la OMC
Durante los primeros años de vigencia del GATT el liderazgo de los EE UU en pos de la liberalización del comercio fue un gran impulso al proceso de reducción de aranceles. Algunos autores sostienen que en esta etapa, dadas las preocupaciones por la seguridad y la lucha contra el comunismo, los argumentos de los grupos domésticos que se veían afectados por las medidas de liberalización quedaron eclipsados. Es decir, existía una clara voluntad política de asumir los costos que pudiera causar la liberalización y se tenían los argumentos necesarios para justificarlos.
Sin embargo, a partir de los 70, cuando las economías japonesa y europea se habían recuperado y se mostraban pujantes, en los EEUU se rompió el consenso pro-liberalización y los intereses proteccionistas ganaron lugar. El liderazgo inicial se transformó en una postura mucho más ambigua.
Más allá de la importante reducción arancelaria lograda desde el establecimiento del GATT (la reducción arancelaria ponderada en las primeras 5 rondas fue del 36%, en la ronda Kennedy del 37% , en la Tokio del 33% y en la Uruguay del 38%) y del crecimiento del comercio en relación al PBI mundial (en 1950 el % del comercio sobre el PBI era de 8 puntos mientras que en 2002 era de 29 puntos, y esto teniendo en cuenta que el PBI mundial creció a razón del 5% anual desde 1948 a 1973) lo cierto es que también se recurrió a muchos métodos que violaban los principios en que este acuerdo se basaba. Un ejemplo son los acuerdos de reparto de mercado o los acuerdos de limitación voluntaria de las exportaciones (USA textiles- luego se multilateralizó constituyendo el Acuerdo Multifibras - y USA televisores japoneses y coreanos).
Además florecieron las barreras no arancelarias (la segunda parte del acuerdo original del GATT hacía referencia a las mismas pero acuerdos posteriores destacaron que el cumplimiento quedaba, en alto grado, a discreción de los Estados) y los subsidios agrícolas, que empezaron siendo subsidios a la producción y terminaron siendo subsidios a la exportación. La magnitud de los mismos alcanza los US$ 320.000 M en los países de la OCDE.
En cuanto al mecanismo de solución de controversias, los EEUU se mostraron sumamente renuentes a apoyar el sistema.
En síntesis, si bien la reducción arancelaria en productos manufacturados fue muy importante y el crecimiento del comercio superó significativamente el de la producción, persistieron muchas vías por las cuales se siguieron distorsionando los mercados e impidiendo el libre comercio. Por otra parte la adhesión de nuevos miembros y el surgimiento de nuevos temas en la OMC hicieron que progresivamente se fueran desdibujando ciertas alianzas tradicionales entre los países del norte al tiempo que surgían coaliciones de Estados del norte y del sur que encontraban puntos en común en determinados temas (Grupos Cairns, UE y países ACP signatarios de Lomé – Cotunú, Argentina y USA contra la moratoria de UE en transgénicos, etc.).
El siguiente cuadro resume la evolución de actores y temas del GATT:
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2.3. Las Rondas y temas de la OMC
Los temas que se tratan en la OMC se definen en las Conferencias Ministeriales que se desarrollan cada dos años y que se inscriben en las Rondas de Negociación. Luego de la ronda Uruguay, que se desarrolló desde 1986 hasta 1993 y dio inicio a la OMC, siguieron las siguientes reuniones ministeriales:
- Singapur 1996: se incluyeron los temas de inversiones y comercio, comercio y políticas de competencia, transparencia de la contratación pública, facilitación del comercio, reducción del papeleo en frontera.
- Ginebra 1998: se produce un documento en relación al comercio electrónico.
- Seattle 1999: fracasaron los intentos de lanzar una nueva ronda de negociaciones en paralelo a las ruidosas protestas de grupos antiglobalización.
- Doha 2001: conocida como la Cumbre del Desarrollo donde se lanza lo que se dio a conocer el Programa de Doha (que se tratará más adelante).
- Cancún 2003: no logra producir ninguna declaración por el desacuerdo entre los países en torno a las cuestiones relacionadas con los productos agrícolas.
- Hong Kong 2005: se aprueba una Declaración Ministerial y una Lista de Preguntas a los Ministros que incluye 5 puntos directamente referidos al proteccionismo en la agricultura, y otros 3 sobre productos no agrícolas.
Luego de iniciada la Ronda de Doha ingresaron a la OMC, China, Armenia, Macedonia, Arabia Saudita y Vietnam. Actualmente están a la espera de ser aceptados como miembros Rusia, Ucrania y Sudán, entre otros.
Órganos de la OMC
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CONFERENCIA MINISTERIAL: debe reunirse al menos una vez cada dos años. Es el órgano de adopción de decisiones más importante y en ella están representados todos los países miembros. Puede adoptar decisiones sobre todos los asuntos comprendidos en el ámbito de cualquiera de los Acuerdos Comerciales Multilaterales.
CONSEJO GENERAL: es el órgano decisorio de más alto nivel de la OMC en Ginebra. Se reúne periódicamente para desempeñar las funciones generales del organismo y está compuesto por representantes (generalmente embajadores o equivalentes) de todos los países miembros. Tiene la facultad de actuar en representación de la Conferencia Ministerial. Este Consejo se reúne adoptando la forma de Órgano de Solución de Controversias. A diferencia del GATT, la OMC tiene un órgano permanente de solución de controversias comerciales.
El siguiente cuadro explica el mecanismo de solución de controversias de la OMC.
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El Consejo también adopta la forma de Órgano de Examen de Políticas Comerciales. Todos los países forman parte de este órgano, cuya finalidad es el examen de las políticas comerciales de los miembros.
CONSEJO DE COMERCIO DE MERCANCIAS: es el responsable del funcionamiento del acuerdo General sobre Aranceles Aduaneros y Comercio (GATT) abarca el comercio internacional de mercancías. Está conformado por todos los países miembros, y se agrupa en distintos comités para tratar los diversos temas que abarca:
Agricultura
Acceso a los mercados de las mercancías
Medidas sanitarias y fitosanitarias
Subvenciones y medidas compensatorias
Antidumping
Valoración en aduana
Normas de origen
Licencias de importación
Inversiones
Salvaguardias
Empresas comerciales del Estado
Acuerdo sobre Tecnología de la Información
CONSEJO DE COMERCIO DE SERVICIOS: es el encargado de supervisar el funcionamiento del Acuerdo General sobre el Comercio de Servicios (AGCS). Está abierto a todos los Miembros de la OMC y puede establecer los órganos subsidiarios. Este acuerdo tiene como características fundamentales, abarcar a todos los servicios en una liberalización progresiva. Asimismo, se aplica el trato de la NMFa todos, excepto en el caso de las exenciones temporales inicialmente establecidas.
CONSEJO DE ASPECTOS DE LOS DERECHOS DE PROPIEDAD INTELECTUAL RELACIONADOS CON EL COMERCIO: el ADPIC, nacido en la ronda Uruguay, trata los temas de derecho de autor y derechos conexos; marcas de fábrica o de comercio, incluidas las marcas de servicios; indicaciones geográficas; dibujos y modelos industriales; patentes; esquemas de trazado (topografías) de los circuitos integrados e información no divulgada, incluidos los secretos comerciales.
Toma de decisiones
Tanto en el antiguo sistema del GATT como en la OMC, las decisiones se toman por consenso. Si bien existen excepciones (¾ para interpretaciones y exenciones y 2/3 para enmiendas y aceptación de nuevos miembros), en la práctica se decide por consenso.
Algunos de los Grupos que operan en las negociaciones de los temas más sensibles son:
- Cairns (Argentina, Australia ,Bolivia ,Brasil ,Canadá ,Chile ,Colombia, Costa Rica, Guatemala, Indonesia, Malasia, Nueva Zelanda, Paraguay, Peru, Filipinas, Sudáfrica, Tailandia, Uruguay ). Conformado durante la Ronda Uruguay.
- Grupo Africano (derechos de propiedad intelectual y emergencias sanitarias). Todos los países africanos miembros de la OMC, actualmente 41 países).
- G20 (Argentina, Bolivia, Brasil, Chile, China, Cuba, Egipto, Guatemala, India, Indonesia, México, Nigeria, Pakistán, Paraguay, Perú, Filipinas, Sudáfrica, Tanzania, Tailandia, Uruguay, Venezuela, Zimbabwe).
- Grupo ACP (países de Asia, Caribe y Pacífico)G4 (miembros clave para lograr un acuerdo en agricultura: India, Brasil, EE UU, UE).
3. Debates y problemas actuales
3.1. Agricultura
La cuestión de fondo que se debate es si la liberalización comercial en este tipo de productos es viable y si resultará beneficiosa para el mundo en su conjunto. Como principal cuestión para el abordaje de esta temática tenemos que analizar la composición del sector.
Tal como se puede leer en el texto de Polaski (POLASKI; 2005), hay una clara diferencia en el mundo en relación al porcentaje de personas que vive de la agricultura en los países más desarrollados y en los países menos desarrollados. Por ejemplo, en Francia menos del 3% de la población vive de la producción agrícola y en USA menos del 2%. En los países más pobres, un promedio de 68% de la población vive de este tipo de producción.
Esto podría llevarnos a pensar que los países ricos, por un lado, y los pobres, por otro, tienen los mismos intereses en cuanto a la liberalización comercial. Pero esto no es así. Polaski distingue países en desarrollo con intereses defensivos y otros con intereses ofensivos en relación a las negociaciones agrícolas. Los primeros son aquéllos donde la agricultura es de subsistencia, por lo tanto, una liberalización comercial de estos productos haría caer también los precios de sus bienes. Asimismo, por la estructura productiva de este grupo de países, sería difícil lograr que otros sectores de la economía los pudieran absorber. Es el caso de países como India y Kenya. Otros países, como el nuestro o Tailandia, tienen estructuras agrícolas competitivas y procuran un mayor acceso a los mercados y una reducción a los subsidios que los países más ricos otorgan a sus producciones agrícolas.
Entramos entonces en el segundo tema que tenemos que tener en cuenta al momento de analizar la cuestión del comercio agrícola. No se trata solamente de regular las cuestiones arancelarias, sino también las cuestiones de políticas internas relacionadas con subsidios y subvenciones. Así comienzan a involucrarse temas que hacen que las negociaciones no sean tan lineales ni las coaliciones tan compactas como normalmente se piensa.
La paradoja se da a partir del hecho de que, si bien todos los países comparten en cierta medida el discurso de la liberalización comercial de los productos agrícolas, son los países ricos (USA, UE, Japón) aquellos que más subsidian/apoyan a los sectores productores agrícolas, aún teniendo la mayor parte de la población empleada en los sectores secundarios y terciarios. Tengamos además en cuenta que no necesariamente estos países son productores eficientes de este tipo de productos. En efecto, según La FAO, el apoyo a los agricultores nacionales de los 30 países ricos de la OCDE, superó el PBI de todos los países en desarrollo de África
Vemos entonces que la cuestión de las prácticas comerciales excede las consideraciones de la eficiencia en la producción y comercialización. El apoyo a ciertos sectores políticos y económicos tiene más peso en la toma de decisiones en este sentido, complejizando las negociaciones multilaterales.
4. Ronda de Doha
Se dio inicio a la Ronda de Doha, o Ronda del Desarrollo, en el año 2001, en la conferencia ministerial de Doha. Esta conferencia tuvo como resultado el Mandato de Doha, a través del cual se asume que las naciones ricas pueden desarrollar al mundo más pobre mediante la distribución de recursos y posibilidades de comercio. Es una declaración muy ambiciosa que buscó, en su momento (post 11-S), generar un consenso internacional para las cuestiones de progreso mundial.
Varios fueron los temas que se trataron en esta declaración ministerial, pero el tema agricultura resultó preponderante. El objetivo del Programa de Doha es corregir y prevenir las restricciones en los mercados agropecuarios mundiales a través de reformas profundas en las políticas comerciales y económicas de los países. Concretamente, los países se comprometen a lograr objetivos en relación a varias cuestiones relativas al comercio de productos agrícolas, que trascienden aquéllas consideraciones meramente arancelarias:
- Acceso a mercados: los países se comprometen a lograr mejoras sustanciales en los siguientes subtemas:
a. Reducción de los aranceles que los países más ricos adjudican a los productos de los países más pobres, pero también la que los países más pobres ponen a los productos de los más ricos (en general industriales).
b. Reducir los picos arancelarios.
c. Reducir la progresividad de los aranceles, que hace que los países menos desarrollados sólo puedan exportar commodities.
- Subvenciones a la exportación: los países se comprometen a lograr reducciones de todas las formas de subvenciones a la exportación, con miras a su eliminación progresiva.
- Ayuda interna: los países se comprometen a lograr reducciones sustanciales de la ayuda causante de distorsiones del comercio. Se acordó que se negociará por reducción por bandas, teniendo en cuenta las líneas arancelarias para los productos sensibles. En relación a la ayuda interna, hay diferentes tipos de subsidios:
a. Los subsidios de caja ambar: tienen efectos distorsivos en el comercio. Incluye medidas de sostenimiento de precios o subvenciones relacionadas con la voluntad de producción. Deben ser eliminados.
b. Los subsidios de caja azul: son los pagos directos para limitación de la producción.
c. Los subsidios de caja verde: están eximidas de todo control porque no tienen efectos sobre la productividad o la comercialización. Son por ejemplo aquéllos que se destinan para la protección ambiental.
Se conviene en que el trato especial y diferenciado para los países en desarrollo será parte integrante de todos los elementos de las negociaciones y se incorporará a los nuevos compromisos de los países y a las normas y disciplinas pertinentes, nuevas o revisadas.
Una vez determinados estos objetivos generales, los países deben acordar las “modalidades” en las que los alcanzarán, que fue sobre lo que se intentó avanzar en Hong Kong en el año 2005.
Respecto de estos temas, las posiciones de los bloques de negociación son básicamente las siguientes:
- UE: está dispuesto a una limitada apertura a los mercados y a pocas modificaciones de medidas de apoyo interno.
- USA: exige principalmente mayor acceso a mercados de sus productos. Es más flexible en tanto a modificar las medidas de apoyo interno.
- G10: mayormente proteccionistas en relación al acceso a mercados porque tienen principalmente altos picos arancelarios.
- Grupo Cairns: buscan evitar estos picos arancelarios, la progresividad y el escalonamiento arancelario.
- G20: aspiran a una reforma profunda en temas de comercios agrícolas, sobretodo por parte de UE. La lógica es buscar una ampliación en los mercados a los que pueden acceder.
Para seguir las negociaciones en relación a este tema, consultar periódicamente el sitio WEB de la OMC.
Bibliografia recomendada
AGGARWAL, Vinod (2001) “Economics: International Trade”.
BROOKS, Jonathan (2003) “Agriculture: Why is it still so difficult to reform?” en OECD Observer N° 240/241
GOLDIN, Ian; REINERT, Kenneth (2007) “Cap. 1: Antecedentes y contextos” y “Cap. 3: El Comercio” en Globalización para el desarrollo: comercio, financiación, ayuda, migración y políticas. Editorial Planeta y The World Bank, Enero 2007.
PERKOVICH, Audley (2003) “Decoding Cancun: Hard Decisions for a Development Round” Policy Brief Carnegie Endowment N° 26
POLASKI, Sandra (2005) “Agricultural Negotiations at the WTO: First do no harm”. Policy Outlook Jun 2005. Carnegie Endowment for International Peace.
POLASKI, Sandra (2006) “The future of the WTO” Policy Outlook September 2006 Carnegie Endowment for International Peace.
Para más información acerca de la OMC, consultar:
http://www.wto.org/spanish/thewto_s/whatis_s/tif_s/utw_chap1_s.pdf
Blog de la cátedra de Política Internacional Contemporánea de la carrera de RR.II. de la UCA
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18/6/09
18/5/09
Ficha 15: Introducción a la Economía Global
1. Introducción
El fin de la Guerra Fría no sólo coincide con importantísimos cambios a nivel de la distribución del poder político y militar en el mundo, sino que también, por esta misma época, comienza a hacerse evidente que la economía ha adquirido nuevos rasgos. La globalización, en tanto nuevo sistema o nuevo paradigma, se manifiesta particularmente en el ámbito económico (producción, comercio, finanzas, desarrollo), algo en lo que coinciden los distintos enfoques o escuelas que estudian el fenómeno.
La Unidad III explorará las distintas facetas del fenómeno, comenzando con una descripción de la estructura económica actual, analizando el régimen de comercio internacional y sus principales temas, repasando los desafíos en materia financiera y concluyendo con dos temas muy vinculados al concepto de sustentabilidad: el desarrollo y la energía. En esta ficha nos focalizaremos en el análisis de la estructura económica global actual, incorporando diferentes enfoques.
2. Virtual vs. real
Durante gran parte del s. XX, al pensar en economía automáticamente nos enfocábamos en la producción y el comercio de bienes (ya sea materias primas o manufacturas) tangibles. Tal es así que, por ejemplo, los acuerdos del GATT (General Agreement on Trade and Tariffs) únicamente se ocupaban de la liberalización del comercio internacional de bienes, nada decían acerca de los servicios. En cuanto a los flujos financieros, éstos se pensaban como un complemento natural del comercio de bienes (divisas necesarias para adquirir bienes importados) y el principal tema era cómo garantizar la estabilidad de los tipos de cambios y cómo asegurar un patrón para su convertibilidad.
A partir de la década del ’70 comienza a perfilarse un cambio importante. La dimensión virtual de la economía (servicios y finanzas) cobra cada vez más importancia en estrecha vinculación con los desarrollos tecnológicos. Como sostiene el economista argentino Aldo FERRER: “La globalización virtual abarca, por un lado, los extraordinarios avances en el procesamiento y la transmisión de la información y, por el otro, la esfera financiera. Esta última, tal cual la conocemos ahora, es un fenómeno esencialmente contemporáneo. En el pasado, las finanzas internacionales promovieron y acompañaron, no sin sobresaltos pasajeros y con algunos extraordinarios episodios especulativos, el crecimiento de la economía mundial. En el presente, la globalización financiera se ha convertido en un fenómeno en gran medida autónomo y de una dimensión y escala desconocidos”.[1] En la ficha de análisis de las finanzas globales analizaremos con más profundidad este fenómeno novedoso que determina un mayor crecimiento de la actividad financiera por sobre la economía real, y nuevas posibilidades de generar ganancias arbitrando diferencias entre monedas, tasas de interés y otros activos de inversión.
El otro componente de la economía virtual, los servicios asociados a tecnología, están vinculados con el concepto de “economía de la información / informacional”, “economía post-industrial” o “economía del conocimiento”. Como afirma CASTELLS, hablamos de economía informacional porque “la productividad y competitividad de las unidades o agentes en este sistema (sean empresas, regiones o naciones) depende fundamentalmente de su capacidad para generar, procesar y aplicar eficientemente información basada en conocimiento”[2]. Si a partir de la revolución industrial la clave para generar riqueza estaba dada por el incremento de productividad vía la incorporación de capital; actualmente la productividad está determinada en gran medida por la capacidad de producir y aplicar información a través de tecnologías de la información y la comunicación. El nuevo paradigma tecnológico convierte a la información en un producto del proceso productivo (pensemos por ejemplo en las organizaciones que se dedican a producir informes sobre riesgos de inversión y que lo venden a otras organizaciones o particulares que lo utilizan como insumo para decidir los destinos de sus inversiones) o en un input fundamental para este proceso (pensemos en cómo las empresas recurren a estudios de mercado para terminar de configurar los productos o servicios que van a lanzar al mercado, o cómo descansan en actividades de data-mining para incrementar la efectividad de sus procesos de comercialización).
Este avance de la “virtualidad” cambia fundamentalmente nuestras ideas acerca de qué se produce, cómo se produce, qué se comercializa, cómo se comercializa, qué es la riqueza y cómo puede incrementarse. Inmediatamente, esto nos lleva a repensar conceptos establecidos acerca de qué competencias, habilidades o ventajas competitivas requieren los individuos y las naciones para insertarse en esta economía con éxito; quiénes serán los ganadores o perdedores del nuevo sistema; qué obstáculos existen para la producción y el comercio; cómo deben adaptarse los regímenes existentes para gobernar más efectivamente este nuevo paradigma.
3. Deslocalización y globalización
Junto con la “virtualidad”, la “deslocalización” es uno de los rasgos fundamentales que caracteriza al actual sistema económico. Los avances en tecnologías de la comunicación y transporte han determinado que la unidad de producción y comercialización pueda ser el mundo entero[3]; es decir, las empresas ya no se encuentran limitadas por su ubicación geográfica, ya que lo que producen en una determinada jurisdicción pueden comercializarlo en cualquier otra. El potencial para ampliar mercados es mayúsculo. Por otra parte, el proceso productivo mismo se libera de las “cadenas” de las fronteras y puede fraccionarse y reubicarse en diferentes jurisdicciones, aprovechando las condiciones más ventajosas de cada una de ellas. Castells lo simplifica de la siguiente manera: “las actividades centrales de producción, consumo y circulación, al igual que sus componentes (capital, trabajo, materias primas, management, información, tecnología y mercados) están organizadas a escala global”.[4]
Lo anterior explica que el principal actor de la economía global, la empresa, haya adaptado su estructura organizativa y su cultura al trabajo en red, dejando atrás el modelo de la multinacinal que replicaba la estructura de su casa matriz en cada una de las filiales. Las empresas transnacionales o red ocupan un lugar fundamental en la actual economía global, ya que el grueso de los intercambios internacionales se producen entre oficinas o plantas de una misma empresa ubicadas en diferentes países.
Esta realidad no sólo plantea cuestiones con respecto a los regímenes de gobernanza del comercio, las finanzas y el trabajo a nivel global; sino que también presiona a los gobiernos nacionales para adoptar nuevos roles. Teniendo en cuenta que las empresas han adquirido un nivel de movilidad nunca antes visto y que el principal objetivo económico de los Estados Nación ha sido maximizar la competitividad[5] de sus economías; es obvio que el nuevo contexto coloca restricciones e incentivos a las políticas monetarias, cambiarias, fiscales y sociales. Las decisiones de política que impacten sobre los derechos, la ganancia esperada o la estructura de costos de las empresas (por ejemplo, un incremento de las cargas sociales sobre el trabajo registrado o un incremento en las tasas del impuesto a las ganancias), puede motivar el traslado de una planta u oficina de un país a otro con condiciones más ventajosas. En los ’70 esto se hizo evidente con la reestructuración y el desmantelamiento de varios Estados de Bienestar, así como con la apertura, liberalización y desregulación de sectores clave de la economía. A los países en desarrollo, esta tendencia los alcanzó dos décadas más tarde (’90). Pero esta “deconstrucción” generó nuevos desafíos (inestabilidad interna, contagio de crisis internacionales, etc).[6]
4. El consenso de Washington y el disenso post Washington
Entre las adaptaciones realizadas por los gobiernos para ajustarse a los requerimientos de la nueva economía global, entre mediados de los ’80 y la década del ’90 tuvo mucha relevancia un conjunto de recomendaciones de políticas conocidas genéricamente como “el Consenso de Washington”. Se trataba de una lista de medidas sugeridas por los organismos financieros internacionales a los países en desarrollo que solicitaban asistencia y que, con el correr del tiempo y sus diferentes casos de aplicación, fueron objeto de un gran rechazo por parte de la sociedad civil, sindicatos, partidos opositores, etc. quienes las calificaban de “neoliberales” o “de ajuste”.
Históricamente, el consenso surge a partir de un seminario que se organiza en 1989 en Washington para analizar la situación de los países latinoamericanos después de la crisis de la deuda de los ’80. Incluye a funcionarios de organismos norteamericanos e internacionales, académicos y políticos de diferentes países (incluidos los latinos), quienes debaten los problemas de la región y consensúan una lista de políticas recomendables. El economista John Williamson preparó un paper para este seminario llamado “What Washington Means by Policy Reform” que fue el borrador, por llamarlo de alguna manera, de lo que luego se conocería como el Consenso de Washington. Aunque cabe aclarar, como hace el mismo Williamson[7], que la palabra consenso es un tanto forzada y mejor sería hablar de “convergencia”.
El paper resumía la visión de los acreedores de los países latinoamericanos que reclamaban que los gobiernos asumieran su responsabilidad e introdujeran determinadas medidas económicas (consideradas apropiadas) para estar en condiciones de repagar la deuda y quebrar el ciclo de endeudamiento y crisis. Esto se resumía, básicamente, a 10 instrumentos de política que no precisaban secuencia ni manera de aplicación; era una propuesta teórica independiente de las realidades nacionales y las circunstancias particulares (aunque luego no fue así como se la consideró):
1. Disciplina fiscal. Existen distintas versiones con respecto a este instrumento, ya que para algunos implica déficit cero mientras que para otros el déficit es aceptable mientras sea proporcional a ciertos indicadores de producto y deuda y se utilice para determinado tipo de inversiones (por ejemplo infraestructura en lugar de clientelismo, campañas electoraleso gasto militar).
2. Reformular las prioridades del gasto público. Para controlar el déficit fiscal hay dos medidas principales: cobrar más impuestos o bajar el gasto. La administración Reagan favorecía el segundo enfoque y priorizaba ciertos tipos de gasto público, mientras que consideraba que otros debían eliminarse (subsidios indiscriminados, gastos superfluos en educación y salud –es decir todo aquello que no se oriente a asistir a los menos aventajados y pueda ser dejado en manos del mercado para que paguen por estos bienes y servicios quienes tengan capacidad-, e inversión pública entendida como empresas estatales que podrían ser privatizadas).
3. Reforma impositiva. Pese a lo dicho en el punto anterior, era necesario alterar la estructura impositiva existente con dos objetivos: ampliar la base imponible (eliminar exenciones injustificadas) y elevar algunas tasas.
4. Tasas de interés fijadas por el mercado. En la experiencia latinoamericana, las tasas de interés reguladas tendían a rezagarse en relación a la inflación, incentivando el endeudamiento y dificultando la operatoria financiera.
5. Tipos de cambio competitivos. Nuevamente, en la experiencia latinoamericana los tipos de interés fijos o regulados tendían a perjudicar la capacidad exportadora de los países. El equilibrio de la balanza de pagos debía alcanzarse por un crecimiento de las exportaciones en lugar de una sustitución de importanciones.
6. Apertura de la política comercial. Esto significa una liberalización de las importaciones para que compitan directamente con la industria nacional y la fuercen a adaptarse (con algunas excepciones justificables).
7. Promoción de la inversión extranjera directa. El “consenso” original no favorecía la liberalización indiscriminada de las finanzas; de hecho, no recomendaba apertura total a flujos de corto plazo, aunque sí incentivaba activamente la IED.
8. Privatizaciones.
9. Desregulación.
10. Derechos de propiedad y seguridad jurídica.
Como sostiene el refrán popular: “del dicho al hecho hay mucho trecho”; una cosa fue el consenso teórico y otra la forma en que cada país puso en práctica estas medidas o en que cada organismo internacional las asumió y buscó impulsarlas vía cláusulas de condicionalidad. En cuanto a las críticas, es cierto que el consenso no incluía una respuesta para todos los problemas importantes de las economías latinoamericanas (por ejemplo, la estabilización de la inflación o el desarrollo de sectores de población rezagados) y también es cierto que las políticas propuestas por Washington no siempre eran aplicadas de la misma manera en la economía norteamericana (acusación de doble estándar). Pero, por otra parte, la forma en que los gobiernos latinoamericanos las aplicaron generó problemas en cuanto a la secuencia y profundidad de los cambios, así como también a la negociación del suficiente respaldo político y social para estas medidas.[8]
El economista Joseph Stiglitz es una de las voces más destacadas de la corriente que sostiene que el Consenso, aplicado “a rajatabla” en un ambiente institucional débil, no contribuye a un funcionamiento más eficiente del mercado, sino quizás a todo lo contrario. Y sus efectos negativos impactan más fuertemente sober los segmentos más vulnerables de la población. De acuerdo con Stigltiz, los mercados eficientes requieren –además de esas 10 medidas- regulación fiscal, políticas de competencia, transmisión de tecnología, políticas de transparencia y lucha contra la corrupción, un correcto secuenciamiento de las medidas y la adaptación de la receta a la realidad de cada país. La experiencia del Sudeste Asiático, incluso después de la crisis del ’97, revela que el crecimiento puede alcanzarse por distintos medios, no necesariamente “apartando al Estado del camino”.
En las postrimerías de la década del ’90 comenzó a delinearse una lista de objetivos e instrumentos de política económica que debían incorporarse; aunque aún estamos lejos de hablar del surgimiento de un nuevo consenso:
· Control estricto de la inflación elevada pero tolerancia con una baja inflación controlada en un contexto de expansión o crecimiento.
· Analizar con cuidado la definición de “déficit óptmo” y poner el foco en la sustentabilidad (¿a qué gasto se está aplicando? ¿va a producir un retorno de la inversión en el futuro? ¿cómo se está financiando: deuda externa, interna o ambas? ¿qué puede pasar con las fuentes de financiamiento en el futuro y cómo se está preparando el país para estos cambios?). Diferenciar el déficit del presupuesto y el de la cuenta corriente.
· Morigerar los ciclos económicos y promover la estabilidad. Esto implica cierta regulación sobre los mercados financieros, en particular sobre los flujos globales de corto plazo (especulativos). Reformar el sistema financiero promoviendo la transparencia, seguridad, solidez, protegiendo a los consumidores y promoviendo el acceso de los menos favorecidos al capital. La clave está en la construcción del marco regulatorio adecuado.
· Combatir el desempleo.
· Estimular la competencia a través del libre comercio (progresivo, controlado y estratégico; seleccionando sectores competitivos e incentivando a los particulares y las empresas para prepararse y desempeñarse en dichos sectores), la privatización con adecuada estructura legal y controles, adaptando la estructura regulatoria y las políticas de competencia en sectores no tradicionales, utilizando eficientemente los recursos del gobierno para complementar los del mercado (proveer bienes públicos, atender a fallas de mercado).
· Mejorar la efectividad de los gobiernos, porque un gobierno efectivo es fundamental para lograr un desarrollo multi dimensional (educación, política ambiental, inversión en tecnología y participación social).
5. Indicadores y tendencias
El mapa económico global se ha modificado en gran medida debido a los factores previamente enumerados. La tradicional división del mundo capitalista en centro desarrollado y manufacturero, y periferia subdesarrollada y proveedora de materias primas ha perdido vigencia. Las principales características del nuevo mapa geo-económico serían[9]:
· Volatilidad en las tendencias agregadas de la economía global: si bien la segunda mitad del s. XX mostró un crecimiento sin igual del producto global, al graficarlo se observa que la curva de tendencia tiene la forma de una “montaña rusa” con grandes picos de crecimiento y momentos de profundas contracciones. Las décadas de los ’50 y ’60 (la era dorada) fueron tiempos de crecimiento sostenido aunque con grandes disparidades entre países y sectores dentro de un mismo país. De los ’70 en adelante, el comportamiento de la economía se volvió más errático. En los ’90 la volatilidad se aceleró aún más: rápido crecimiento hasta 1994, crisis en 1994-1995, se retoma el crecimiento en 1996, crisis en 1997-1998, fuerte crecimiento hasta el estallido de la burbuja de las punto.com en 2000. La siguiente década tiene un comportamiento bastante similar. Junto a la volatilidad, otro elemento importante es la interconexión: el crecimiento y la crisis se “contagian” de una región a otra a través de diferentes mecanismos.
· Cambio en el mapa económico en términos de producción y comercio: durante la mayor parte de la segunda mitad del s. XX, el crecimiento estuvo empujado por el sector manufacturero y el grueso de esta actividad (más del 80%) se encuentra concentrada en no más de 20 países en su mayoría desarrollados (excepto Brasil y China). Sin embargo, entre los ’50 y los ’90 la participación relativa de las economías desarrolladas en la producción manufacturera declinó en comparación con la de las economías en desarrolló (éstas partían desde una base muy limitada). El comercio de manufacturas también creció rápidamente y, a finales de la década del ’70, el total de las economías en desarrollo ya exportaban más valor por manufacturas que por materias primas (cambio en la antigua división del trabajo). La situación de los países en términos de producción y exportación de manufacturas no es simétrica: algunos grandes productores, como USA, no exportan en el mismo nivel, mientras que otros productores medianos, del Sudeste Asiático, son los principales exportadores. Estas diferencias se pueden apreciar en los resultados de las balanzas comerciales de los países. El comercio de manufacturas suele darse a nivel de regiones y, dentro de éstas, los países tienen una tendencia a comerciar más con sus vecinos que con el resto del mundo. Las dos principales regiones comerciales son la UE y Asia Pacífico. En cuanto a los servicios, éstos crecieron –en un primer momento- para acompañar el crecimiento del comercio de bienes (transporte, financiamiento, seguros, comercialización), pero luego adquirieron una dinámica propia. Los sectores de servicios representan una proporción cada vez mayor de las economías nacionales (más de 60% en países industrializados y más del 40% en los otros), aunque también varía en gran medida el tipo de servicio en relación al nivel medio de ingresos del país (calificados o no calificados). Si bien muchos servicios no son transables (por ejemplo los servicios personales o sociales), los que si lo son (telecomunicaciones, finanzas, management, publicidad, consultoría) han tenido un rápido crecimiento en su comercio. La exportación de servicios está mayormente concentrada en Norteamérica y la UE; en menor medida en Asia (tanto China como el resto de Asia Pacífico y la India). Si combinamos la producción y comercio de manufacturas y servicios, observamos una posición de liderazgo de la UE (con grandes disparidades a su interior) y USA, el surgimiento de países muy dinámicos en Asia (Japón, “tigres y dragones” y China), la debilidad relativa de las economías de América Latina, la irrelevancia de la mayoría de las economías africanas y el fortalecimiento de varias economías de Europa del Este y al ex URSS.
· Cambios en la dirección y magnitud de la inversión extranjera directa: la IED se ha incrementado en escala y complejidad. Hasta mediados de los ’80 había una relación clara entre IED y comercio, pero de allí en más la relación parece romperse. La IED ha crecido desproporcionadamente en relación al comercio y esto se explica por la expansión de las empresas transnacionales (comprar o establecer sucursales es una forma de IED) y el crecimiento del comercio intra-empresa (representa más de 1/3 del comercio internacional total)[10]. Los flujos de IED están mayormente controlados por países desarrollads (son los principales mercados de origen y destino de las inversiones); aunque cada vez más estas inversiones se dirigen a ciertos mercados en desarrollo. Además, algunas de estas economías (Cono Sur, China y Sudeste Asiático, Sudáfrica) se han convertido en importantes inversores en terceros mercados. Para algunas economías, la IED es responsable de más del 50% de su PBI (Irlanda, Países Bajos, Singapur, Malasia, Chile). En términos de sectores, la IED se dirige mayormente a sectores de alta tecnología, consumo masivo, electrodomésticos y vehículos, servicios financieros, servicios vinculados al comercio y telecomunicaciones.
· Surgimiento de nuevos niveles de relevancia económica, por encima y por debajo del Estado Nación: a nivel global o macro no ha perdido vigencia el concepto de tríada elaborado por Kenichi Ohmae en los ’70 y actualizado por Barbara Stallings y Lester Thurow en los ‘90. Norteamérica, Europa Occidental y el Sudeste asiático concentran más del 80% de la producción y las exportaciones manufactureras. Con la globalización, el nivel de concentración de la economía en estas tres regiones se ha incrementado. En el nivel micro o subnacional cobran importancia los clusters (concentración en una o varias localidades adyacentes de un gran número de empresas pertencientes al mismo sector económico o que se brindan servicios complementarios). Éstos suelen coincidir con las grandes urbes o con zonas que han sido desarrolladas a través de políticas específicas de incentivos (zonas francas en lugares alejados, maquiladoras en frontera). En el nivel intermedio encontramos los clusters y corredores que atraviesan las fronteras, en parte vinculados con procesos de liberalización económica regionales o de integración. Más allá de estos nuevos niveles de análisis que se agregan, el nivel nacional continúa siendo relevante. Los Estados y las empresas transnacionales conviven en una compleja relación de conflicto y cooperación a lo largo de distints ejes. Los Estados nación continúan proveyendo bienes útiles para las empresas: cultura, prácticas, instituciones, regulación (de la producción, el comercio y la inversión), promoción de sectores o actividades, desarrollo de bloques económicos regionales.
Castells complementa este análisis con otras variables[11]:
· Gestión integrada de capitales a través de mercados financieros operando en tiempo real: las nuevas tecnologías permiten el movimiento de capitales de corto plazo a través de las fronteras rápidamente. Las finanzas conforman una red interdependiente que, vía la interconexión de las monedas entre sí, enlazan a las economías nacionales. Los flujos de capitales se vuelven globales y, en cierto punto, se distancian de los resultados de la economía real.
· Bajo nivel de integración de los mercados laborales: excepto por un segmento mínimo de ejecutivos, profesionales y científicos, los mercados laborales continúan siendo nacionales. Las empresas transnacionales pueden promover esta integración a través de la relocalización de sus empleados y su rotación; también pueden demandar trabajo de otros países. En forma espontánea, los trabajadores también se mueven (por vías legales e ilegales), pero los Estados mantienen bastante restringido y controlado este flujo.
· Segmentación de la economía global: la integración de mercados y procesos no abarca a todos los países ni a todos los sectores dentro de éstos, sino que se trata de un proceso marcadamente excluyente. Gran parte de la sociedad global no trabaja en ni compra de la economía global. Países enteros o grandes segmentos poblacionales dentro de otros se están convirtiendo en irrelevantes en la nueva división internacional del trabajo y el consumo, motivo por el cual se encuentran socialmente excluidos. Profundizaremos más este tema cuando abordemos la cuestión del desarrollo.
Lecturas recomendadas
CFR's Global Governance Monitor // Finance
CASTELLS, Manuel (1998) The Information Age: Economy, Society and Culture. Vol. I. Blackwell Publishers. UK. Cap. “The Informational Economy and the Process of Globalization”.
DICKEN, Peter (2003) Global Shift. Transforming The World Economy. Sage Publications. London. Cap. 3 y 5.
FERRER, Aldo (2000) De Cristóbal Colón a Internet. América Latina y la Globalización. Fondo de Cultura Económica. Buenos Aires.
STIGLITZ, Joseph (1998) “Más instrumentos y metas más amplias para el desarrollo. Hacia el consenso Post Washington” en Desarrollo Económico, vol. 38 Nº 151.
WILLIAMSON, John ed. (1990) Latin American Adjustment: How Much Has Happened? Institute for International Economics,U.S. Cap. “Introduction”.
[1] FERRER, Aldo (2000) De Cristóbal Colón a Internet. FCE. Buenos Aires. Pág. 14-15.
[2] CASTELLS, Manuel (1998) Op. Cit. Cap. “The Informational Economy and the Process of Globalization”. Pág. 66-67.
[3] CASTELLS define a la economía global como aquella con la capacidad de trabajar como una unidad en tiempo real en una escala planetaria. Ibíd. Pág. 92.
[4] CASTELLS, Manuel (1998) Op. Cit. Cap. “The Informational Economy and the Process of Globalization”. Pág. 66.
[5] La idea de la “competitividad” nacional es defendida por algunos autores (por ejemplo, Michael Porter) y atacada por otros (por ejemplo, Paul Kurgman) que sostienen que el comercio internacional no es una situación de suma cero, que por menos competitivo que sea un país no por eso desaparece como si fuera una empresa, y que la evidencia empírica no demuestra competencia de forma sostenida. Entre los defensores del concepto, algunos van más allá y hablan –por ejemplo- de la “marca país” o “nation branding”, el proceso pro el cual los gobiernos procuran mejorar la imagen y reputación de sus países optimizando su posicionamiento para atraer turismo, inversiones y nuevos negocios. TESLIK, Lee Hudon (2007) Nation Branding Explained. CFR. Para saber más sobre este concepto puede consultarse el Nation Brands Index, desarrollado por Simon Anholt y Global Market Insite (http://www.simonanholt.com/?gclid=CLPnyuGxxJoCFQVfFQodmgz-sA).
[6] Ibid. Pág.80 y siguientes.
[7] WILLIAMSON, John () Latin American Adjustment: How Much has Happened? Introduction.
[8] STIGLITZ, Joseph (1998) “Más instrumentos y metas más amplias para el desarrollo. Hacia el consenso Post Washington” en Desarrollo Económico, vol. 38 Nº 151.
[9] DICKEN, Peter (2002) Global Shift. Cap. 3 y 5. Sage Publications. London.
[10] Es importante tener en cuenta que no sólo influye en esto la existencia de empresas transnacionales sino también de lo que Reich denomina “la empresa red”, consistente en una compleja red de alianzas estratégicas, cooperación ad hoc por proyectos, uniones transitorias, redes de proveedores, etc. CASTELLS, Manuel (1998) Op. Cit. Cap. “The Informational Economy and the Process of Globalization”. Pág. 96.
[11] CASTELLS, Manuel (1998) Op. Cit. Cap. “The Informational Economy and the Process of Globalization”.
El fin de la Guerra Fría no sólo coincide con importantísimos cambios a nivel de la distribución del poder político y militar en el mundo, sino que también, por esta misma época, comienza a hacerse evidente que la economía ha adquirido nuevos rasgos. La globalización, en tanto nuevo sistema o nuevo paradigma, se manifiesta particularmente en el ámbito económico (producción, comercio, finanzas, desarrollo), algo en lo que coinciden los distintos enfoques o escuelas que estudian el fenómeno.
La Unidad III explorará las distintas facetas del fenómeno, comenzando con una descripción de la estructura económica actual, analizando el régimen de comercio internacional y sus principales temas, repasando los desafíos en materia financiera y concluyendo con dos temas muy vinculados al concepto de sustentabilidad: el desarrollo y la energía. En esta ficha nos focalizaremos en el análisis de la estructura económica global actual, incorporando diferentes enfoques.
2. Virtual vs. real
Durante gran parte del s. XX, al pensar en economía automáticamente nos enfocábamos en la producción y el comercio de bienes (ya sea materias primas o manufacturas) tangibles. Tal es así que, por ejemplo, los acuerdos del GATT (General Agreement on Trade and Tariffs) únicamente se ocupaban de la liberalización del comercio internacional de bienes, nada decían acerca de los servicios. En cuanto a los flujos financieros, éstos se pensaban como un complemento natural del comercio de bienes (divisas necesarias para adquirir bienes importados) y el principal tema era cómo garantizar la estabilidad de los tipos de cambios y cómo asegurar un patrón para su convertibilidad.
A partir de la década del ’70 comienza a perfilarse un cambio importante. La dimensión virtual de la economía (servicios y finanzas) cobra cada vez más importancia en estrecha vinculación con los desarrollos tecnológicos. Como sostiene el economista argentino Aldo FERRER: “La globalización virtual abarca, por un lado, los extraordinarios avances en el procesamiento y la transmisión de la información y, por el otro, la esfera financiera. Esta última, tal cual la conocemos ahora, es un fenómeno esencialmente contemporáneo. En el pasado, las finanzas internacionales promovieron y acompañaron, no sin sobresaltos pasajeros y con algunos extraordinarios episodios especulativos, el crecimiento de la economía mundial. En el presente, la globalización financiera se ha convertido en un fenómeno en gran medida autónomo y de una dimensión y escala desconocidos”.[1] En la ficha de análisis de las finanzas globales analizaremos con más profundidad este fenómeno novedoso que determina un mayor crecimiento de la actividad financiera por sobre la economía real, y nuevas posibilidades de generar ganancias arbitrando diferencias entre monedas, tasas de interés y otros activos de inversión.
El otro componente de la economía virtual, los servicios asociados a tecnología, están vinculados con el concepto de “economía de la información / informacional”, “economía post-industrial” o “economía del conocimiento”. Como afirma CASTELLS, hablamos de economía informacional porque “la productividad y competitividad de las unidades o agentes en este sistema (sean empresas, regiones o naciones) depende fundamentalmente de su capacidad para generar, procesar y aplicar eficientemente información basada en conocimiento”[2]. Si a partir de la revolución industrial la clave para generar riqueza estaba dada por el incremento de productividad vía la incorporación de capital; actualmente la productividad está determinada en gran medida por la capacidad de producir y aplicar información a través de tecnologías de la información y la comunicación. El nuevo paradigma tecnológico convierte a la información en un producto del proceso productivo (pensemos por ejemplo en las organizaciones que se dedican a producir informes sobre riesgos de inversión y que lo venden a otras organizaciones o particulares que lo utilizan como insumo para decidir los destinos de sus inversiones) o en un input fundamental para este proceso (pensemos en cómo las empresas recurren a estudios de mercado para terminar de configurar los productos o servicios que van a lanzar al mercado, o cómo descansan en actividades de data-mining para incrementar la efectividad de sus procesos de comercialización).
Este avance de la “virtualidad” cambia fundamentalmente nuestras ideas acerca de qué se produce, cómo se produce, qué se comercializa, cómo se comercializa, qué es la riqueza y cómo puede incrementarse. Inmediatamente, esto nos lleva a repensar conceptos establecidos acerca de qué competencias, habilidades o ventajas competitivas requieren los individuos y las naciones para insertarse en esta economía con éxito; quiénes serán los ganadores o perdedores del nuevo sistema; qué obstáculos existen para la producción y el comercio; cómo deben adaptarse los regímenes existentes para gobernar más efectivamente este nuevo paradigma.
3. Deslocalización y globalización
Junto con la “virtualidad”, la “deslocalización” es uno de los rasgos fundamentales que caracteriza al actual sistema económico. Los avances en tecnologías de la comunicación y transporte han determinado que la unidad de producción y comercialización pueda ser el mundo entero[3]; es decir, las empresas ya no se encuentran limitadas por su ubicación geográfica, ya que lo que producen en una determinada jurisdicción pueden comercializarlo en cualquier otra. El potencial para ampliar mercados es mayúsculo. Por otra parte, el proceso productivo mismo se libera de las “cadenas” de las fronteras y puede fraccionarse y reubicarse en diferentes jurisdicciones, aprovechando las condiciones más ventajosas de cada una de ellas. Castells lo simplifica de la siguiente manera: “las actividades centrales de producción, consumo y circulación, al igual que sus componentes (capital, trabajo, materias primas, management, información, tecnología y mercados) están organizadas a escala global”.[4]
Lo anterior explica que el principal actor de la economía global, la empresa, haya adaptado su estructura organizativa y su cultura al trabajo en red, dejando atrás el modelo de la multinacinal que replicaba la estructura de su casa matriz en cada una de las filiales. Las empresas transnacionales o red ocupan un lugar fundamental en la actual economía global, ya que el grueso de los intercambios internacionales se producen entre oficinas o plantas de una misma empresa ubicadas en diferentes países.
Esta realidad no sólo plantea cuestiones con respecto a los regímenes de gobernanza del comercio, las finanzas y el trabajo a nivel global; sino que también presiona a los gobiernos nacionales para adoptar nuevos roles. Teniendo en cuenta que las empresas han adquirido un nivel de movilidad nunca antes visto y que el principal objetivo económico de los Estados Nación ha sido maximizar la competitividad[5] de sus economías; es obvio que el nuevo contexto coloca restricciones e incentivos a las políticas monetarias, cambiarias, fiscales y sociales. Las decisiones de política que impacten sobre los derechos, la ganancia esperada o la estructura de costos de las empresas (por ejemplo, un incremento de las cargas sociales sobre el trabajo registrado o un incremento en las tasas del impuesto a las ganancias), puede motivar el traslado de una planta u oficina de un país a otro con condiciones más ventajosas. En los ’70 esto se hizo evidente con la reestructuración y el desmantelamiento de varios Estados de Bienestar, así como con la apertura, liberalización y desregulación de sectores clave de la economía. A los países en desarrollo, esta tendencia los alcanzó dos décadas más tarde (’90). Pero esta “deconstrucción” generó nuevos desafíos (inestabilidad interna, contagio de crisis internacionales, etc).[6]
4. El consenso de Washington y el disenso post Washington
Entre las adaptaciones realizadas por los gobiernos para ajustarse a los requerimientos de la nueva economía global, entre mediados de los ’80 y la década del ’90 tuvo mucha relevancia un conjunto de recomendaciones de políticas conocidas genéricamente como “el Consenso de Washington”. Se trataba de una lista de medidas sugeridas por los organismos financieros internacionales a los países en desarrollo que solicitaban asistencia y que, con el correr del tiempo y sus diferentes casos de aplicación, fueron objeto de un gran rechazo por parte de la sociedad civil, sindicatos, partidos opositores, etc. quienes las calificaban de “neoliberales” o “de ajuste”.
Históricamente, el consenso surge a partir de un seminario que se organiza en 1989 en Washington para analizar la situación de los países latinoamericanos después de la crisis de la deuda de los ’80. Incluye a funcionarios de organismos norteamericanos e internacionales, académicos y políticos de diferentes países (incluidos los latinos), quienes debaten los problemas de la región y consensúan una lista de políticas recomendables. El economista John Williamson preparó un paper para este seminario llamado “What Washington Means by Policy Reform” que fue el borrador, por llamarlo de alguna manera, de lo que luego se conocería como el Consenso de Washington. Aunque cabe aclarar, como hace el mismo Williamson[7], que la palabra consenso es un tanto forzada y mejor sería hablar de “convergencia”.
El paper resumía la visión de los acreedores de los países latinoamericanos que reclamaban que los gobiernos asumieran su responsabilidad e introdujeran determinadas medidas económicas (consideradas apropiadas) para estar en condiciones de repagar la deuda y quebrar el ciclo de endeudamiento y crisis. Esto se resumía, básicamente, a 10 instrumentos de política que no precisaban secuencia ni manera de aplicación; era una propuesta teórica independiente de las realidades nacionales y las circunstancias particulares (aunque luego no fue así como se la consideró):
1. Disciplina fiscal. Existen distintas versiones con respecto a este instrumento, ya que para algunos implica déficit cero mientras que para otros el déficit es aceptable mientras sea proporcional a ciertos indicadores de producto y deuda y se utilice para determinado tipo de inversiones (por ejemplo infraestructura en lugar de clientelismo, campañas electoraleso gasto militar).
2. Reformular las prioridades del gasto público. Para controlar el déficit fiscal hay dos medidas principales: cobrar más impuestos o bajar el gasto. La administración Reagan favorecía el segundo enfoque y priorizaba ciertos tipos de gasto público, mientras que consideraba que otros debían eliminarse (subsidios indiscriminados, gastos superfluos en educación y salud –es decir todo aquello que no se oriente a asistir a los menos aventajados y pueda ser dejado en manos del mercado para que paguen por estos bienes y servicios quienes tengan capacidad-, e inversión pública entendida como empresas estatales que podrían ser privatizadas).
3. Reforma impositiva. Pese a lo dicho en el punto anterior, era necesario alterar la estructura impositiva existente con dos objetivos: ampliar la base imponible (eliminar exenciones injustificadas) y elevar algunas tasas.
4. Tasas de interés fijadas por el mercado. En la experiencia latinoamericana, las tasas de interés reguladas tendían a rezagarse en relación a la inflación, incentivando el endeudamiento y dificultando la operatoria financiera.
5. Tipos de cambio competitivos. Nuevamente, en la experiencia latinoamericana los tipos de interés fijos o regulados tendían a perjudicar la capacidad exportadora de los países. El equilibrio de la balanza de pagos debía alcanzarse por un crecimiento de las exportaciones en lugar de una sustitución de importanciones.
6. Apertura de la política comercial. Esto significa una liberalización de las importaciones para que compitan directamente con la industria nacional y la fuercen a adaptarse (con algunas excepciones justificables).
7. Promoción de la inversión extranjera directa. El “consenso” original no favorecía la liberalización indiscriminada de las finanzas; de hecho, no recomendaba apertura total a flujos de corto plazo, aunque sí incentivaba activamente la IED.
8. Privatizaciones.
9. Desregulación.
10. Derechos de propiedad y seguridad jurídica.
Como sostiene el refrán popular: “del dicho al hecho hay mucho trecho”; una cosa fue el consenso teórico y otra la forma en que cada país puso en práctica estas medidas o en que cada organismo internacional las asumió y buscó impulsarlas vía cláusulas de condicionalidad. En cuanto a las críticas, es cierto que el consenso no incluía una respuesta para todos los problemas importantes de las economías latinoamericanas (por ejemplo, la estabilización de la inflación o el desarrollo de sectores de población rezagados) y también es cierto que las políticas propuestas por Washington no siempre eran aplicadas de la misma manera en la economía norteamericana (acusación de doble estándar). Pero, por otra parte, la forma en que los gobiernos latinoamericanos las aplicaron generó problemas en cuanto a la secuencia y profundidad de los cambios, así como también a la negociación del suficiente respaldo político y social para estas medidas.[8]
El economista Joseph Stiglitz es una de las voces más destacadas de la corriente que sostiene que el Consenso, aplicado “a rajatabla” en un ambiente institucional débil, no contribuye a un funcionamiento más eficiente del mercado, sino quizás a todo lo contrario. Y sus efectos negativos impactan más fuertemente sober los segmentos más vulnerables de la población. De acuerdo con Stigltiz, los mercados eficientes requieren –además de esas 10 medidas- regulación fiscal, políticas de competencia, transmisión de tecnología, políticas de transparencia y lucha contra la corrupción, un correcto secuenciamiento de las medidas y la adaptación de la receta a la realidad de cada país. La experiencia del Sudeste Asiático, incluso después de la crisis del ’97, revela que el crecimiento puede alcanzarse por distintos medios, no necesariamente “apartando al Estado del camino”.
En las postrimerías de la década del ’90 comenzó a delinearse una lista de objetivos e instrumentos de política económica que debían incorporarse; aunque aún estamos lejos de hablar del surgimiento de un nuevo consenso:
· Control estricto de la inflación elevada pero tolerancia con una baja inflación controlada en un contexto de expansión o crecimiento.
· Analizar con cuidado la definición de “déficit óptmo” y poner el foco en la sustentabilidad (¿a qué gasto se está aplicando? ¿va a producir un retorno de la inversión en el futuro? ¿cómo se está financiando: deuda externa, interna o ambas? ¿qué puede pasar con las fuentes de financiamiento en el futuro y cómo se está preparando el país para estos cambios?). Diferenciar el déficit del presupuesto y el de la cuenta corriente.
· Morigerar los ciclos económicos y promover la estabilidad. Esto implica cierta regulación sobre los mercados financieros, en particular sobre los flujos globales de corto plazo (especulativos). Reformar el sistema financiero promoviendo la transparencia, seguridad, solidez, protegiendo a los consumidores y promoviendo el acceso de los menos favorecidos al capital. La clave está en la construcción del marco regulatorio adecuado.
· Combatir el desempleo.
· Estimular la competencia a través del libre comercio (progresivo, controlado y estratégico; seleccionando sectores competitivos e incentivando a los particulares y las empresas para prepararse y desempeñarse en dichos sectores), la privatización con adecuada estructura legal y controles, adaptando la estructura regulatoria y las políticas de competencia en sectores no tradicionales, utilizando eficientemente los recursos del gobierno para complementar los del mercado (proveer bienes públicos, atender a fallas de mercado).
· Mejorar la efectividad de los gobiernos, porque un gobierno efectivo es fundamental para lograr un desarrollo multi dimensional (educación, política ambiental, inversión en tecnología y participación social).
5. Indicadores y tendencias
El mapa económico global se ha modificado en gran medida debido a los factores previamente enumerados. La tradicional división del mundo capitalista en centro desarrollado y manufacturero, y periferia subdesarrollada y proveedora de materias primas ha perdido vigencia. Las principales características del nuevo mapa geo-económico serían[9]:
· Volatilidad en las tendencias agregadas de la economía global: si bien la segunda mitad del s. XX mostró un crecimiento sin igual del producto global, al graficarlo se observa que la curva de tendencia tiene la forma de una “montaña rusa” con grandes picos de crecimiento y momentos de profundas contracciones. Las décadas de los ’50 y ’60 (la era dorada) fueron tiempos de crecimiento sostenido aunque con grandes disparidades entre países y sectores dentro de un mismo país. De los ’70 en adelante, el comportamiento de la economía se volvió más errático. En los ’90 la volatilidad se aceleró aún más: rápido crecimiento hasta 1994, crisis en 1994-1995, se retoma el crecimiento en 1996, crisis en 1997-1998, fuerte crecimiento hasta el estallido de la burbuja de las punto.com en 2000. La siguiente década tiene un comportamiento bastante similar. Junto a la volatilidad, otro elemento importante es la interconexión: el crecimiento y la crisis se “contagian” de una región a otra a través de diferentes mecanismos.
· Cambio en el mapa económico en términos de producción y comercio: durante la mayor parte de la segunda mitad del s. XX, el crecimiento estuvo empujado por el sector manufacturero y el grueso de esta actividad (más del 80%) se encuentra concentrada en no más de 20 países en su mayoría desarrollados (excepto Brasil y China). Sin embargo, entre los ’50 y los ’90 la participación relativa de las economías desarrolladas en la producción manufacturera declinó en comparación con la de las economías en desarrolló (éstas partían desde una base muy limitada). El comercio de manufacturas también creció rápidamente y, a finales de la década del ’70, el total de las economías en desarrollo ya exportaban más valor por manufacturas que por materias primas (cambio en la antigua división del trabajo). La situación de los países en términos de producción y exportación de manufacturas no es simétrica: algunos grandes productores, como USA, no exportan en el mismo nivel, mientras que otros productores medianos, del Sudeste Asiático, son los principales exportadores. Estas diferencias se pueden apreciar en los resultados de las balanzas comerciales de los países. El comercio de manufacturas suele darse a nivel de regiones y, dentro de éstas, los países tienen una tendencia a comerciar más con sus vecinos que con el resto del mundo. Las dos principales regiones comerciales son la UE y Asia Pacífico. En cuanto a los servicios, éstos crecieron –en un primer momento- para acompañar el crecimiento del comercio de bienes (transporte, financiamiento, seguros, comercialización), pero luego adquirieron una dinámica propia. Los sectores de servicios representan una proporción cada vez mayor de las economías nacionales (más de 60% en países industrializados y más del 40% en los otros), aunque también varía en gran medida el tipo de servicio en relación al nivel medio de ingresos del país (calificados o no calificados). Si bien muchos servicios no son transables (por ejemplo los servicios personales o sociales), los que si lo son (telecomunicaciones, finanzas, management, publicidad, consultoría) han tenido un rápido crecimiento en su comercio. La exportación de servicios está mayormente concentrada en Norteamérica y la UE; en menor medida en Asia (tanto China como el resto de Asia Pacífico y la India). Si combinamos la producción y comercio de manufacturas y servicios, observamos una posición de liderazgo de la UE (con grandes disparidades a su interior) y USA, el surgimiento de países muy dinámicos en Asia (Japón, “tigres y dragones” y China), la debilidad relativa de las economías de América Latina, la irrelevancia de la mayoría de las economías africanas y el fortalecimiento de varias economías de Europa del Este y al ex URSS.
· Cambios en la dirección y magnitud de la inversión extranjera directa: la IED se ha incrementado en escala y complejidad. Hasta mediados de los ’80 había una relación clara entre IED y comercio, pero de allí en más la relación parece romperse. La IED ha crecido desproporcionadamente en relación al comercio y esto se explica por la expansión de las empresas transnacionales (comprar o establecer sucursales es una forma de IED) y el crecimiento del comercio intra-empresa (representa más de 1/3 del comercio internacional total)[10]. Los flujos de IED están mayormente controlados por países desarrollads (son los principales mercados de origen y destino de las inversiones); aunque cada vez más estas inversiones se dirigen a ciertos mercados en desarrollo. Además, algunas de estas economías (Cono Sur, China y Sudeste Asiático, Sudáfrica) se han convertido en importantes inversores en terceros mercados. Para algunas economías, la IED es responsable de más del 50% de su PBI (Irlanda, Países Bajos, Singapur, Malasia, Chile). En términos de sectores, la IED se dirige mayormente a sectores de alta tecnología, consumo masivo, electrodomésticos y vehículos, servicios financieros, servicios vinculados al comercio y telecomunicaciones.
· Surgimiento de nuevos niveles de relevancia económica, por encima y por debajo del Estado Nación: a nivel global o macro no ha perdido vigencia el concepto de tríada elaborado por Kenichi Ohmae en los ’70 y actualizado por Barbara Stallings y Lester Thurow en los ‘90. Norteamérica, Europa Occidental y el Sudeste asiático concentran más del 80% de la producción y las exportaciones manufactureras. Con la globalización, el nivel de concentración de la economía en estas tres regiones se ha incrementado. En el nivel micro o subnacional cobran importancia los clusters (concentración en una o varias localidades adyacentes de un gran número de empresas pertencientes al mismo sector económico o que se brindan servicios complementarios). Éstos suelen coincidir con las grandes urbes o con zonas que han sido desarrolladas a través de políticas específicas de incentivos (zonas francas en lugares alejados, maquiladoras en frontera). En el nivel intermedio encontramos los clusters y corredores que atraviesan las fronteras, en parte vinculados con procesos de liberalización económica regionales o de integración. Más allá de estos nuevos niveles de análisis que se agregan, el nivel nacional continúa siendo relevante. Los Estados y las empresas transnacionales conviven en una compleja relación de conflicto y cooperación a lo largo de distints ejes. Los Estados nación continúan proveyendo bienes útiles para las empresas: cultura, prácticas, instituciones, regulación (de la producción, el comercio y la inversión), promoción de sectores o actividades, desarrollo de bloques económicos regionales.
Castells complementa este análisis con otras variables[11]:
· Gestión integrada de capitales a través de mercados financieros operando en tiempo real: las nuevas tecnologías permiten el movimiento de capitales de corto plazo a través de las fronteras rápidamente. Las finanzas conforman una red interdependiente que, vía la interconexión de las monedas entre sí, enlazan a las economías nacionales. Los flujos de capitales se vuelven globales y, en cierto punto, se distancian de los resultados de la economía real.
· Bajo nivel de integración de los mercados laborales: excepto por un segmento mínimo de ejecutivos, profesionales y científicos, los mercados laborales continúan siendo nacionales. Las empresas transnacionales pueden promover esta integración a través de la relocalización de sus empleados y su rotación; también pueden demandar trabajo de otros países. En forma espontánea, los trabajadores también se mueven (por vías legales e ilegales), pero los Estados mantienen bastante restringido y controlado este flujo.
· Segmentación de la economía global: la integración de mercados y procesos no abarca a todos los países ni a todos los sectores dentro de éstos, sino que se trata de un proceso marcadamente excluyente. Gran parte de la sociedad global no trabaja en ni compra de la economía global. Países enteros o grandes segmentos poblacionales dentro de otros se están convirtiendo en irrelevantes en la nueva división internacional del trabajo y el consumo, motivo por el cual se encuentran socialmente excluidos. Profundizaremos más este tema cuando abordemos la cuestión del desarrollo.
Lecturas recomendadas
CFR's Global Governance Monitor // Finance
CASTELLS, Manuel (1998) The Information Age: Economy, Society and Culture. Vol. I. Blackwell Publishers. UK. Cap. “The Informational Economy and the Process of Globalization”.
DICKEN, Peter (2003) Global Shift. Transforming The World Economy. Sage Publications. London. Cap. 3 y 5.
FERRER, Aldo (2000) De Cristóbal Colón a Internet. América Latina y la Globalización. Fondo de Cultura Económica. Buenos Aires.
STIGLITZ, Joseph (1998) “Más instrumentos y metas más amplias para el desarrollo. Hacia el consenso Post Washington” en Desarrollo Económico, vol. 38 Nº 151.
WILLIAMSON, John ed. (1990) Latin American Adjustment: How Much Has Happened? Institute for International Economics,U.S. Cap. “Introduction”.
[1] FERRER, Aldo (2000) De Cristóbal Colón a Internet. FCE. Buenos Aires. Pág. 14-15.
[2] CASTELLS, Manuel (1998) Op. Cit. Cap. “The Informational Economy and the Process of Globalization”. Pág. 66-67.
[3] CASTELLS define a la economía global como aquella con la capacidad de trabajar como una unidad en tiempo real en una escala planetaria. Ibíd. Pág. 92.
[4] CASTELLS, Manuel (1998) Op. Cit. Cap. “The Informational Economy and the Process of Globalization”. Pág. 66.
[5] La idea de la “competitividad” nacional es defendida por algunos autores (por ejemplo, Michael Porter) y atacada por otros (por ejemplo, Paul Kurgman) que sostienen que el comercio internacional no es una situación de suma cero, que por menos competitivo que sea un país no por eso desaparece como si fuera una empresa, y que la evidencia empírica no demuestra competencia de forma sostenida. Entre los defensores del concepto, algunos van más allá y hablan –por ejemplo- de la “marca país” o “nation branding”, el proceso pro el cual los gobiernos procuran mejorar la imagen y reputación de sus países optimizando su posicionamiento para atraer turismo, inversiones y nuevos negocios. TESLIK, Lee Hudon (2007) Nation Branding Explained. CFR. Para saber más sobre este concepto puede consultarse el Nation Brands Index, desarrollado por Simon Anholt y Global Market Insite (http://www.simonanholt.com/?gclid=CLPnyuGxxJoCFQVfFQodmgz-sA).
[6] Ibid. Pág.80 y siguientes.
[7] WILLIAMSON, John () Latin American Adjustment: How Much has Happened? Introduction.
[8] STIGLITZ, Joseph (1998) “Más instrumentos y metas más amplias para el desarrollo. Hacia el consenso Post Washington” en Desarrollo Económico, vol. 38 Nº 151.
[9] DICKEN, Peter (2002) Global Shift. Cap. 3 y 5. Sage Publications. London.
[10] Es importante tener en cuenta que no sólo influye en esto la existencia de empresas transnacionales sino también de lo que Reich denomina “la empresa red”, consistente en una compleja red de alianzas estratégicas, cooperación ad hoc por proyectos, uniones transitorias, redes de proveedores, etc. CASTELLS, Manuel (1998) Op. Cit. Cap. “The Informational Economy and the Process of Globalization”. Pág. 96.
[11] CASTELLS, Manuel (1998) Op. Cit. Cap. “The Informational Economy and the Process of Globalization”.
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