15/3/09

Negociaciones Internacionales Multilaterales - Ficha 5

Esta ficha aborda, desde una perspectiva teórica, el fenómeno de las negociaciones internacionales multilaterales. Recurriendo a los expertos en la materia, buscaremos definirlo y explicar sus características principales. Acto seguido nos concentraremos en el concepto de coalición Finalmente pasaremos a tratar un elemento que consideramos primordial: el rol que ciertos factores domésticos pueden tener en el desarrollo de una negociación internacional.

Negociaciones internacionales multilaterales: un marco para comprender sus claves

Comencemos con una serie de lineamientos teóricos que nos permitirán definir, caracterizar y analizar el fenómeno de la negociación internacional multilateral. A tal efecto hemos recurrido a expertos en Teoría de la Negociación de la talla de William Zartman, Jeffrey Rubin, Arild Underdal, y otros (ZARTMAN, 1994:1)

Detengámonos, al menos brevemente, en el concepto de negociación. Son múltiples las definiciones
que nos brinda la literatura sobre el mismo, y cada una descubre o explicita de un modo peculiar la naturaleza de este fenómeno. No obstante, en todas ellas es posible distinguir una serie de elementos clave: a saber, ante todo se trata de un proceso; dicho proceso se orienta a la toma de decisión, resultando ésta de la interacción de dos o más partes que poseen intereses en conflicto. De modo muy sintético, podríamos decir que la negociación no es más que un proceso de toma de decisión compartida en el cual “existe un conflicto de intereses entre dos o más partes (…) no existen procedimientos o reglas fijas para resolverlo; o bien, las partes prefieren operar más allá de aquellos procedimientos o reglas para desarrollar sus propias soluciones al conflicto” (ALSTCHUL, 2003:15)

El segundo punto que debemos mencionar es que, tratándose de un fenómeno social, no podemos comprenderlo sin al mismo tiempo precisar el contexto dentro del cual lo estudiamos. En este sentido, debemos señalar que de todos los posibles ámbitos y circunstancias en que la negociación puede manifestarse, nuestro interés se centra en las negociaciones internacionales.


Ahora bien, en este punto cabe hacer la distinción entre dos grandes tipos de negociación internacional: la bilateral y la multilateral.
Tengamos en cuenta que aún cuando persiste la discusión acerca de si las diferencias entre estos dos tipos son tan sólo de grado o de naturaleza, en general la mayor parte de los autores concuerda en que una aproximación analítica a la negociación multilateral requiere de algo más que una simple “extensión” o adaptación del análisis de la negociación bilateral.

Adentrándonos ahora en la negociación multilateral, debemos decir que su dato esencial es la complejidad. Si bien la complejidad se encuentra presente en las múltiples dimensiones que componen toda negociación
, en el caso de la negociación multilateral configura dinámicas propias que la distinguen cualitativamente de la bilateral. Conviene recordar la observación de Midgaard y Underdal acerca de que en una negociación the more, the messier (Zartman, 1994: 3). En este sentido, la observación más evidente se relaciona con el número de actores involucrados (marcando la diferencia más clara con las negociaciones bilaterales
; igualmente significativa es la complejidad en materia de temas; lo mismo podemos decir en relación con los roles y estrategias que desempeñan los negociadores.

Así, en las negociaciones multilaterales la percepción inicial no es necesariamente de confrontación (la situación no está estructurada). No está claro quién o quienes pueden ser adversarios o aliados. Además, esto puede variar de acuerdo al tema que se esté tratando. En una negociación bilateral la estructura está dada por definición, en tanto que en una de tipo multilateral los participantes necesitan elaborar una estructura de negociación en función de los diversos actores y variados temas. Como veremos más adelante con mayor detalle, esto se logra a través del uso de roles.

Antes de proseguir, es importante tener presente que cuando en este trabajo nos referimos a negociaciones internacionales multilaterales estamos pensando en lo que Christophe Dupont denomina “la forma más prominente de todas ellas”, a saber, aquella que se desarrolla en el marco de Conferencias Internacionales (diplomacia de conferencias). Tal como señala Kaufmann, estas negociaciones abarcan la suma total de las conversaciones y contactos realizados a fin de resolver los conflictos y/o de trabajar en pos de los diversos objetivos de dicha Conferencia ( ZARTMAN, 1994:152).

Es esperable que, en este contexto, los negociadores experimenten una motivación dual: por un lado deben defender los intereses del país que representan; por otra parte buscan el éxito de la conferencia y que sea posible cumplir los objetivos de la misma (la firma de un acuerdo, la resolución de un conflicto, etc)
. Si bien no existen razones para pensar que estos dos objetivos deban ser contradictorios per se, en muchos casos la práctica los plantea como un dilema que los negociadores deben resolver. En este marco, el factor tiempo tiene un papel importante. Si existen perspectivas de continuidad en el proceso de negociaciones (como suele suceder en los casos de Conferencias que actúan como órganos de un tratado), esto puede afectar el cálculo de los costos presentes en función de ciertos resultados que los actores aspiran a lograr en el futuro, matizando así algunos de los aspectos más duros del dilema de la motivación dual.


Llegado este punto es relevante concentrarnos en las seis características que Zartman describe como fundamentales para entender el fenómeno de la negociación internacional multilateral:
1. Una negociación multilateral es ante todo una negociación entre muchas partes (“multi-party”). Esto plantea un desafío que no solamente radica en el número de actores, si no más bien en la dificultad de tratar de reconciliar los variados intereses de múltiples entidades autónomas.

2. El segundo dato es la multiplicidad de temas a negociar (“multi-issue”). Esta característica no es exclusiva de la negociación multilateral, ni es, al menos en teoría, inherente a ella. No obstante, la práctica demuestra que generalmente se verifica la existencia de múltiples temas en la mesa de negociación. En este aspecto Zartman nos aclara que la distinción entre negociación bilateral y multilateral aparece más como una diferencia de grado que de naturaleza. Nada impide que en una negociación bilateral se traten múltiples temas. De hecho, en muchos casos, es gracias a la inclusión de varios temas en la mesa de negociación que se puede crear “textura”. Esta noción, que se aplica tanto a la negociación bilateral como multilateral, alude a la posibilidad de que los actores persigan con intensidad diversa ciertos resultados, permitiéndoles ceder en ciertas cuestiones que consideran menos importantes para asegurarse un resultado favorable en aquellas que juzgan como vitales. En este sentido Homans explica que “The more items at stake can be divided into goods valued more by one party (or parties) than they cost to the other(s) and goods valued more to the other party (or parties) than they cost to the first, the greater the chances of successful outcome”.
3. El tercer elemento decisivo es la presencia de múltiples roles. Teniendo en cuenta lo mencionado anteriormente sobre la necesidad de estructurar la situación, los actores pueden elegir cuál será el perfil de su participación adoptando diversos roles. “Just as texture is present on the issue dimension, combining intensity and interest, so it is present on the party dimension, adding role differential to numbers and interest groups”. Consideremos la caracterización de Sjöstedt, en la que menciona cuatro opciones centrales, a saber “drivers, conductors, defenders, cruisers” (Zartman:1994:5).
* Drivers son aquellos que tratan de organizar a los participantes de modo tal que produzcan un resultado o “acuerdo” que satisfaga los intereses del líder.
* Conductors/Managers son aquellos que también abogan por la consecución de un “acuerdo” pero desde una postura neutral.
* Defenders son aquellos actores cuyos intereses se encuentran más vinculados con un asunto puntual de la negociación que con el éxito de las negociaciones en su conjunto.
* Cruisers son aquellos participantes que no poseen/perciben intereses propios vitales en juego y que, por lo tanto, tienen la disposición para actuar como seguidores.
4. El cuarto elemento consiste en la posibilidad de que los valores asignados por los actores varíen, en contraposición con la idea de que las son opciones excluyentes y taxativas (y que, por lo tanto, sólo se puede decidir por si o por no). “Negotiated decisions are possible because the parties can reformulate the proposed outcomes and because one party can influence the value that the other party attaches to those outcomes” (Zartman, 1978:70). Lo interesante es que, en la negociación multilateral, la posibilidad de reformular e influenciar la valoración propia y ajena no sólo se aplica en torno de los resultados sino también en relación con las demás partes y los roles que pueden asumirse. Así, los actores se ven en la necesidad de actuar en los tres niveles de interacción: no sólo deberán esforzarse en influir en la asignación de valor que realicen las demás partes acerca de los resultados, sino también en la percepción o juicio de valor que estas tengan sobre las mismas partes involucradas, y en torno del rol que asume cada una en el proceso de negociación.
5. La quinta nota de la negociación multilateral se relaciona con las particularidades de los resultados que produce:
* Cuando pensamos en términos de una negociación bilateral y decimos que se ha llegado a un “acuerdo”, implícitamente reconocemos que cada parte tiene poder de veto y que si una se abstiene, simplemente no brinda su aprobación el “acuerdo” y este no se verifica. Ahora bien, cuando pensamos en una negociación multilateral debemos contemplar un concepto más flexible que el de “acuerdo”. Aquí es donde se introduce la noción de “consenso”. En las negociaciones multilaterales es posible que no necesariamente todos los miembros brinden su aprobación pero, en tanto no exista oposición expresa al resultado propuesto, el consenso puede darse. El consenso se logra cuando una cantidad significativa (si bien no necesariamente predeterminada) se muestra a favor de cierto resultado y el resto de los miembros no se opone. En muchos casos, aún cuando la votación esté contemplada en las reglas de la organización o conferencia, este mecanismo suele reservarse a situaciones en las que están en juego intereses nacionales vitales. Así, los esfuerzos de los negociadores generalmente se concentran en la construcción de consensos. Esto tiene implicancias interesantes. Por ejemplo, es posible pensar en estrategias de ajuste incremental. Aún cuando haya partes con una posición significativa para el asunto en cuestión que decidan no formar parte del consenso logrado, las mismas pueden ir sumándose al mismo con el correr del tiempo. Asimismo, en relación con el contenido del consenso, incluso cuando éste sea tan sólo un mínimo denominador común, existen posibilidades de que se pueda ir profundizando y refinando en la medida en que las negociaciones continúen.
Aquí, las presiones sociopolíticas por parte de la opinión pública doméstica e internacional juegan un papel importante en pos de la ampliación y profundización de consensos, especialmente de aquellos referidos a materias de interés global como el cuidado del medio ambiente, los derechos humanos, la lucha contra la pobreza, etc.
* Por otra parte, Zartman señala que, en general, los objetos de discusión en las negociaciones multilaterales están más vinculados con la creación de reglas (rule-making) que con la distribución de bienes o beneficios tangibles. Aquí debemos decir que si bien coincidimos con Zartman, creemos que es conveniente hacer una aclaración. Es cierto que las negociaciones multilaterales no suelen orientarse en primera instancia a la distribución de beneficios, sino que, antes que nada, se trata de armonizar definiciones, principios, criterios, metodologías, parámetros, legislación, etc. No obstante, no debemos perder de vista que dicha armonización puede tener (y de hecho en muchos casos tiene) implicancias en la consecuente asignación de recursos y/o beneficios que percibirán las partes como consecuencia de dicho acuerdo
. Esto nos ayuda a entender por qué a veces una frase o una palabra en una declaración o en un borrador de acuerdo pueden resultar tan problemáticas. Por otra parte, esto también implica que los negociadores en muchos casos se encuentran ante el desafío de tener que reconciliar (o bien priorizar) la defensa de principios generales y valores fundamentales con la de los intereses puntuales del país que representan. Entonces, aún cuando las negociaciones multilaterales se orientan prioritariamente a la elaboración de reglas comunes, entran en juego no sólo las convicciones y creencias sobre cuáles serían las más recomendables y justas, sino también los intereses concretos de los estados que forman parte del proceso.
6. La sexta y más obvia característica de las negociaciones multilaterales es la formación de coaliciones.
A través de este proceso es posible manejar el problema del tamaño y reducir la complejidad que se deriva del elevado número (“multi-party”) a un punto en que sea posible desarrollar la negociación. Asimismo, la formación de coaliciones es esencial para el manejo de la complejidad derivada del elevado número de temas, estrategias y roles. “Packaging, linkages, and trade offs-the basic devices of the negotiation process-are all ways of making coalitions among issues, interests, and positions” (ZARTMAN, 1994:6).

Luego de esta breve introducción conceptual, en el siguiente apartado concentraremos nuestra atención en el fenómeno de las coaliciones como dato esencial de las negociaciones multilaterales.

Una aproximación al fenómeno de las coaliciones

Para comenzar, tomaremos la definición de Sullivan (citado en Zartman, 1994): las coaliciones consisten en esfuerzos cooperativos en miras de objetivos puntuales (en cuanto a materia, contexto y alcance). En este sentido, se diferencian de las alianzas (en las que los derechos y obligaciones de las partes se han codificado o formalizado); también se distinguen de los alineamientos informales (expectativas respecto de los grados de cooperación que una parte puede esperar recibir de otras partes o miembros).


No está de más señalar que las coaliciones sólo pueden emerger cuando existen más de dos partes implicadas, sea tanto en una negociación como en otro proceso de tipo político.
Más precisamente, podemos identificarlas a través de los siguientes elementos. A saber, se trata de un grupo que interactúa, que ha sido conformado deliberada e intencionalmente, que es independiente de estructuras formales, que requiere el logro de un/os objetivo/s, y que en pos de este fin desarrolla una acción concertada entre sus miembros.

Ahora bien, en pos de entender con mayor profundidad el fenómeno, los expertos han tratado de explicar las coaliciones desde sus tres aspectos o fases centrales: su formación, su permanencia y duración, y sus impactos y resultados. En lo que respecta a la primer fase, en general, las perspectivas
inspiradas en teoría de los juegos coinciden en que es esencial la presencia de un pago (o resultado) conjunto que sea imposible de alcanzar mediante la acción individual
. En otras palabras, para estos modelos explicativos es central la evaluación que hacen los miembros de la coalición de los recursos con que cuentan, y la comparación de los resultados que serían factibles mediante una acción individual frente a aquellos que derivarían de una acción concertada. Esta comparación y la constatación de que los segundos superarían a los primeros serían entonces los elementos clave que motivarían la formación de coaliciones. Tengamos en cuenta que, además de los enfoques que dan preponderancia al rol de los pagos como elementos clave en la formación de coaliciones, otros modelos concentran su atención en variables de tipo ideológico y cuestiones tales como el tamaño de la coalición, que, en nuestra opinión, también merecen ser consideradas.

En lo que respecta la segunda fase (permanencia y duración), y siguiendo el razonamiento de los modelos inspirados en teoría de los juegos, en la estabilidad o resiliencia de las coaliciones está constantemente presente la evaluación de la conveniencia que representa para cada actor permanecer en la misma. Así, el modelo de Shapley señala que “shifts in coalitions are explained by the interplay of actors constantly comparing the actual benefits they derive from present membership in a coalition to what they could obtain in alternative opportunities” (Dupont citado en Zartman, 1994: 151).

No obstante, no parece ser desdeñable el rol que ciertos factores organizacionales tales como el tamaño, el grado de formalismo, las características del liderazgo dentro de la coalición, sus mecanismos de toma de decisión, la estructura de poder e influencia dentro y fuera del grupo, así como sus constituencies, pueden desempeñar en relación con la duración y permanencia de la misma.

Por último, nos encontramos con la cuestión de sus impactos. ¿La existencia de coaliciones modifica de algún modo los resultados en la mesa de negociación?
¿Bajo qué condiciones podemos afirmar que una coalición ha sido exitosa? ¿Qué criterios podemos utilizar para evaluar los mecanismos mediante los que ha operado y los cambios que suponemos ha generado (tanto en lo que respecta a sus miembros como en el marco más amplio de la conferencia o negociación donde se ha conformado)?. Dupont nos señala que, si bien todavía no se ha llegado a una respuesta convincente y unificada al respecto, algunos autores han podido ensayar respuestas de tipo probabilístico donde se intenta relacionar ciertas condiciones de la coalición (variable independiente) con un determinado impacto (variable dependiente), mostrando que los resultados o impactos son una función del tipo de coalición (Dupont citado en Zartman, 1994: 152).

Ahora bien, ¿en qué sentido el estudio de las coaliciones nos puede ayudar a comprender y explicar el desarrollo de una negociación internacional?

En primer lugar, refiriéndonos a las aspiraciones, motivaciones y objetivos de los actores en el contexto de una negociación multilateral
podríamos decir que el problema de la motivación dual que experimentan los negociadores puede ser canalizado y relativamente resuelto a través de la formación de coaliciones. De este modo se simplifica la estructura de la negociación, haciendo más factible la consecución de un acuerdo. Al mismo tiempo, y en consonancia con lo dicho anteriormente, la pertenencia a tal o cual coalición estaría determinada por una evaluación costo-beneficio (de ser/no ser parte de dicha coalición) en función de los intereses del estado que representa el negociador. Es decir, que la conformación de una coalición no sólo permitiría maximizar las posibilidades de lograr un acuerdo (al simplificar la estructura de la negociación), sino que el pertenecer a la misma aumentaría la probabilidad de conseguir que su contenido sea lo más cercano posible a los intereses del estado que decide formar parte de esta. Es así que la congruencia en las aspiraciones, objetivos y propósitos de sus miembros parecen estar fuertemente relacionadas con la conformación y el comportamiento de las coaliciones en una negociación multilateral.

En este punto se nos abre una serie de interrogantes que conviene señalar aunque no siempre los podamos responder. Podríamos comenzar, por ejemplo, refiriéndonos al tema del tamaño. ¿Entra dentro de los objetivos de la coalición ser muy numerosa o por el contrario se considera que será más efectiva si mantiene un número relativamente pequeño y manejable?

¿Qué significa acaso formar parte de una “coalición ganadora”? Conviene aquí distinguir el éxito formal, es decir, la consecución de un acuerdo o decisión cuyo contenido sea el pretendido (lo que en definitiva dependerá de las reglas de decisión que adopte la conferencia), de ciertos resultados inferiores pero no por ello despreciables (como lograr ciertos estados de opinión que puedan crear precondiciones para que en un futuro el acuerdo buscado sea factible). Del mismo modo, cabe preguntarnos ¿qué sentido puede tener formar parte de una coalición minoritaria?. Las respuestas que nos ofrecen los expertos señalan que en ciertos casos parece ser conveniente conformar coaliciones aún cuando sus propósitos sean ejercer influencia (como alternativa a ejercer poder) o lograr objetivos intermedios (ganar reconocimiento, ejercer cierta presión). Por otra parte, constituir coaliciones minoritarias defensivas puede ser altamente funcional al propósito de frenar o evitar ciertos resultados potenciales (quizá justamente aquellos buscados por coaliciones más numerosas.)

Por otra parte, además de las diversas motivaciones, propósitos y objetivos que explican la conformación y comportamiento de las coaliciones, conviene tener en cuenta las diversas modalidades o tácticas de negociación que éstas pueden ejercer. En ciertos casos su comportamiento podrá ser explícito (por ejemplo, mediante la presentación de propuestas, ofertas, demandas y contraofertas), pero también es posible que desarrollen una acción algo más velada o tácita, centrada en el manejo ambiguo de la información. Es de esperar que las tácticas que utilicen las coaliciones guarden una estrecha relación con el modo en que se desarrollen las negociaciones multilaterales.

No está de más señalar que uno de los temas que mayor interés ha despertado en los estudiosos del fenómeno de las coaliciones ha sido el uso de diversas tácticas de tipo distributivo por parte de las coaliciones (tácticas que apuntan a ejercer poder mediante amenazas, la manipulación de información, el bloqueo, las medidas de retaliación y coerción). No obstante, como bien señala Dupont, es necesario reparar también en las tácticas basadas en medidas de tipo no adversarial como aquellas destinadas a persuadir, identificar posibles “trade-offs” y soluciones creativas, ofrecer compensaciones, premios y concesiones, aumentar la transparencia, y favorecer movimientos de apertura (enlargement) y compromiso (engagement)
.

Ahora bien, recapitulando lo desarrollado hasta ahora, hemos definido el concepto de coalición y tratado, al menos, brevemente, sus elementos centrales (formación, permanencia e impactos). Posteriormente nos hemos planteado interrogantes acerca de su papel en las negociaciones multilaterales. Hemos enfocado esta cuestión desde el punto de vista de las aspiraciones, propósitos y objetivos de los actores y finalmente nos hemos referido a ciertas tácticas que las coaliciones pueden utilizar.

Ahora pasaremos al último apartado de la ficha, en el cual buscaremos dar cuenta de las relaciones entre ciertos factores de índole doméstica y el desarrollo de las negociaciones internacionales.

Las negociaciones internacionales como un juego de doble nivel

Es sabido que las posibles y diversas relaciones entre los factores nacionales o domésticos y los asuntos internacionales han sido objeto de estudio de numerosos autores
. No obstante, y en la imposibilidad de tratarlos a todos, creemos que el enfoque que mejor responde a las necesidades de este trabajo es aquel basado en la metáfora de los juegos de doble nivel, de Robert Putnam.

Comencemos recordando sus observaciones acerca de que: “la política de muchas negociaciones internacionales puede concebirse provechosamente como un juego de doble nivel. En el nivel nacional, los grupos persiguen sus intereses presionando al gobierno para que adopte políticas favorables, y los políticos buscan poder construyendo coaliciones entre esos grupos. En el nivel internacional, los gobiernos nacionales buscan maximizar su propia capacidad para satisfacer las presiones internas, minimizando al mismo tiempo las consecuencias adversas de los acontecimientos internacionales” (PUTNAM: 79).

Así, esta perspectiva descompone analíticamente el proceso de negociación internacional en dos fases. La primera es aquella en la que los diplomáticos, funcionarios, Jefes de Estado o de Gobierno, etc. (nivel I) negocian los términos de un acuerdo (provisional). La segunda comprende las discusiones que se desarrollan en el frente interno (nivel II) de cada parte acerca de la conveniencia de ratificar o no dicho acuerdo. Es importante destacar que por ratificación no deberá entenderse necesaria o exclusivamente un procedimiento formal de votación por parte del Poder Legislativo, sino que también puede tratarse de cualquier otro proceso informal que fuere necesario para asegurar la aprobación y/o implementación de lo acordado en la mesa de negociación internacional (nivel I). De este modo, “los actores del nivel II pueden representar a agencias burocráticas, a grupos de interés, a clases sociales, o incluso a la “opinión pública” (PUTNAM: 83).

En este marco, es preciso tener en cuenta los efectos recíprocos que pueden tener las expectativas de los actores involucrados en los distintos niveles y fases acerca de lo que suceda en los otros niveles y fases. Por ejemplo, la percepción por parte de los actores del nivel I de que un acuerdo (potencial acuerdo provisional) corre el riesgo de ser rechazado (no ser ratificado) en el nivel II puede alterar el comportamiento de los actores en el nivel I. En palabras de Putnam “la necesidad de ratificación en el nivel II afectará seguramente a la negociación del nivel I. De hecho, la expectativa de que se rechace el acuerdo en el nivel II, aun sin que haya habido una acción formal de rechazo, puede hacer fracasar las negociaciones en el nivel I” (PUTNAM: 82).

Asimismo, las probabilidades de lograr un acuerdo en el nivel I varían de acuerdo a cuál sea el tamaño de lo que el autor denomina “conjunto ganador” de cada parte
. Esto alude a la idea de que cuanto más amplia/estrecha sea la gama de opciones (acuerdos) que contarían con la mayoría necesaria en el nivel II para ser ratificados, mayores/menores serán las posibilidades de éxito en las negociaciones del nivel I.

Otra de las consecuencias analíticas de este enfoque consiste en admitir que la defección no necesariamente debe ser voluntaria
, sino que también puede darse en forma involuntaria. En este último caso, lo acordado en el nivel I simplemente no puede ser cumplido por una parte debido a su imposibilidad de conseguir en el nivel II el aval necesario para poder implementar lo acordado.

Si bien es posible que la defección involuntaria sea un dato recurrente en las relaciones internacionales, más aún considerando que “entre jugadores que tengan expectativas de reencontrarse” tienden a disminuir los incentivos para engañar, hay que reconocer que esto podrá ser aprovechado estratégicamente por los negociadores. Así, a fin de reforzar sus posiciones frente a la contraparte del nivel I, estos podrán buscar presentar una defección voluntaria como si se tratase de una involuntaria.

Por último, concluiremos este apartado haciendo mención de los elementos que Putnam identifica como determinantes del conjunto ganador de cada parte. El primero alude a la distribución de poder, las preferencias y las posibles coaliciones entre los grupos representados en el nivel II. Tengamos en cuenta aquí que lo que entra en juego es si se mantiene el status quo (no acuerdo) o si se aprueban los contenidos negociados en el nivel I. Por lo tanto, la evaluación que realicen los grupos de los costos que representaría la no ratificación del acuerdo y las coaliciones que se formen en torno de una u otra opción (ratificación/status quo) serán determinantes.

Téngase en cuenta que las tasas de participación de los diversos grupos no serán uniformes en todos los casos y que, por otra parte, es probable que no siempre todos los grupos del nivel II participen en el proceso de ratificación, o al menos no todos lo hagan con la misma intensidad. En gran medida, esto estará supeditado a condiciones tales como el grado de politización del asunto, la concentración de los costos/beneficios del acuerdo en cuestión, la multiplicidad de sectores y temas que puedan ser, o se perciban como, afectados por la ratificación/no ratificación del acuerdo. Así, Putnam señala que “en una negociación sobre múltiples asuntos, es probable que los grupos en el nivel II tengan preferencias distintas”, y que “como regla general el grupo con mayor interés específico es probable que mantenga la postura más extrema ante el mismo” (PUTNAM 97).


Pasemos ahora al segundo elemento determinante del tamaño de los conjuntos ganadores, a saber, las instituciones políticas del nivel II. Empecemos por señalar que el grado de complejidad en los procesos formales y los recursos institucionales previstos para la ratificación de los acuerdos internacionales (tipos de mayorías requeridas, división de poderes, etc.) parecen jugar un rol clave en el tamaño de los conjuntos ganadores. En este sentido, es de esperar que a mayor grado de complejidad institucional los conjuntos ganadores tiendan a ser más pequeños (y viceversa). De todos modos, y como ya se ha señalado anteriormente, no necesariamente todos los procedimientos para lograr la ratificación de un acuerdo están formalmente establecidos. Cuestiones relacionadas con la cultura política, la disciplina partidaria o el grado de fragmentación político-ideológica pueden también afectar el tamaño de los conjuntos ganadores.

Por último, debemos mencionar que el grado de autonomía de los dirigentes respecto de las presiones/demandas sociales parece ser un elemento clave en la percepción/expectativas de la/s contraparte/s en el nivel I. En consecuencia, a mayor grado de autonomía de los dirigentes respecto de las demandas nacionales “más débil será su posición negociadora en el nivel internacional”. (PUTNAM: 102). Supongamos, por ejemplo, el caso de una dictadura negociando con un gobierno democrático. Es de esperarse que el gobierno dictatorial posea menos argumentos de índole doméstica para restringir su conjunto ganador, que los que el gobierno democrático pueda hacer valer.

Finalmente, el tamaño de los conjuntos ganadores estará determinado por las estrategias de los negociadores en el nivel I. En este punto, lo que hacemos es reconocer que, si bien todo negociador del nivel I tiene un interés claro en agrandar los conjuntos ganadores de su contraparte, en lo que respecta a su propio conjunto ganador (más allá de cuál sea el tamaño real del mismo) quedará a su discreción presentarlo a la contraparte como más pequeño de lo que verdaderamente es. Evidentemente esta táctica puede convertirse en un arma de doble filo. Por una parte, al presentar un conjunto ganador pequeño el negociador refuerza su posición en el nivel I. Al mismo tiempo, si lo limita demasiado puede poner en riesgo el éxito de las negociaciones.

ANÁLISIS DE CASO

Las negociaciones de en la Cumbre del G-20 vinculadas a la crisis financiera internacional (2 artículos de The Economist: Divided we stand y The G20 and the world economy).



LECTURAS RECOMENDADAS

PUTNAM, Robert; “Diplomacia y política nacional: la lógica de los juegos de doble nivel”, Olga GIL y Luis Sanz (comps), Las Fuentes Internacionales de las Políticas Domésticas, Zona Abierta, N. 74, España, 1996.

ZARTMAN, William y Rubin, Jeffrey (Eds.) (2002) Power and Negotiation. University of Michigan.

ZARTMAN, William (1994) International Multilateral Negotiation: Approaches to the Management of Complexity. Jossey Bass Conflict Resolution Series.

ZARTMAN, William (Ed.) (1978) The Negotiation Process: Theories and Applications. Newbury Park. California. Sage.

ALTSCHUL, Carlos (2003) Dinámica de la Negociación Estratégica. Granica, Buenos Aires.
DIXIT, A. K. y NALEBUFF, B. J.(1991) Pensar estratégicamente. Un arma decisiva en los negocios, la política y la vida diaria. Barcelona: Antoni Bosch.
FAURE (1997) “Cultura y Negociación Internacional” en BELTRAMINO Juan Carlos (comp.) 1997 Jornadas sobre requerimientos y tendencias actuales en la negociación internacional. CARI. Buenos Aires. Pag 65 a 89.
HAMPSON, F. O. (1999), Multilateral negotiations: Lessons from arms control, trade and the environment. Baltimore, Maryland: The Johns Hopkins University Press,
LOMÓNACO, Alana (2002) “México y su ingreso al NAFTA. Experiencias para las negociaciones comerciales de Argentina. “Revista de Política Internacional”, Fundación Novum Millenium, Año IV No. 18 , en
www.fnm.org.ar)
WATKINS Michael (2003) “Strategic Simplification: Toward a Theory of Modular Desing in Negotiation”. International Negotiation No. 8, Kluwer Law International, printed in Neatherlands. pp 149-167.

Gobernanza Global - Ficha 4

Esta ficha tiene como objetivo lograr una aproximación teórica al concepto de Gobernanza Global. A tal efecto nos plantearemos los siguientes interrogantes:

  • ¿Qué se entiende por gobernanza? ¿Es sinónimo de gobierno?
  • ¿Cómo afecta la globalización la gobernnza doméstica?
  • ¿Cómo pueden responder los estados ante los problemas de gobernanza en diversas escalas?
  • ¿Cuáles son los temas de agenda global?. ¿Qué son los bienes públicos globales?
  • ¿Cómo pueden responder los gobiernos a los desafíos que la globalización presenta y generar marcos para preservas los bienes públicos globales?
  • ¿Qué modelo de gobernanza global rigió desde la 2º posguerra?
  • ¿Qué cambios han ocurrido que exigen la adaptación de ese modelo?
  • ¿Cómo generar un marco de gobernanza que permita dotar al proceso de globalización de cierta coherencia, limitar sus efectos desestabilizadores y hacer frente a las nuevas amenazas comunes?
  • ¿Cuáles son los problemas que deben tenerse en cuenta en el diseño de un modelo de gobernanza global?
  • ¿Cuáles son los principales puntos a tener en cuenta para analizar los regímenes de gobernanza global?

Gobernanza

Podemos definir la noción de gobernanza (governance) como la capacidad para generar procesos e instituciones, formales e informales, que guían, contienen, refrenan y moderan las actividades colectivas de un grupo. Es un concepto más amplio que el de gobierno. Gobierno es el agente que actúa con autoridad y genera obligaciones formales (NYE, 2000).

El concepto de gobernanza alude tanto a instituciones formales y regímenes dotados de mecanismos para asegurar su cumplimiento como a arreglos informales entre grupos e instituciones que han sido acordadas o son percibidas como favorables a sus intereses. (Commission on Global Governance, 1995). Una definición más sintética es la que ofrece Rosneau al señalar que gobernanza no es ni más ni menos que el uso de mecanismos para dirigir sistemas sociales hacia sus objetivos (ROSNEAU, 1999).

De este modo, alcanzar un cierto grado de gobernanza no requiere necesariamente la conducción exclusiva de un gobierno o de una organización intergubernamental.

La gobernanza se alcanza mediante leyes, normas, mercados, arquitecturas. Es por ello que no debemos perder de vista la presencia de otros agentes que participan, directa o indirectamente en la creación y ejercicio de estos procesos e instituciones que permiten la gobernabilidad. Un buen ejemplo es Internet donde la gobernanza se alcanza no tanto por leyes emanadas de gobiernos sino por “arquitectura” creada por empresas (generadores de códigos). Al mismo tiempo las empresas y las ONG presionan muchas veces a los gobiernos para la creación de normas o leyes favorables a sus actividades.


Gobernanza y regímenes

Siguiendo a Krasner, diremos que “un régimen internacional puede entenderse como un conjunto de principios, normas, reglas y procesos de toma de decisión. Los principios son creencias acerca de hechos, sus relaciones causales, y sobre lo que es correcto o incorrecto. Las normas son estándares de comportamiento definidos en términos de derechos y obligaciones. Las reglas son prescripciones y/o proscripciones específicas. Los procesos de toma de decisión son prácticas prevalecientes para alcanzar e implementar decisiones colectivas”. (KRASNER 1983:2)
. Es muy importante destacar que los regímenes son siempre creados y operados mediante negociaciones multilaterales (CHASEK P., DOWNIE D, 2006:19).

En este marco, un encuadre netamente realista (recordemos que el realismo parte de la premisa de que el sistema internacional es, por naturaleza e invariablemente, anárquico) entendería que la cooperación internacional es poco probable, o, en el mejor de los casos, transitoria: “Any cooperation that might occur would most likely take the form of transitory alliances, which would serve to balance power among opposing blocs of states” (MORGENTHAU 1973).

Avanzando un poco en el tiempo, los estudios de corte neo-realista han ampliado el campo de análisis para abarcar otros temas además de los propiamente referidos a la seguridad internacional. En esta línea encontramos autores como Kenneth Waltz, Gilpin, Grieco, Lake, entre otros, que, si bien conservan una mirada pesimista acerca de las posibilidades de cooperación internacional, admiten que en determinados campos (como el económico) es posible alcanzar ciertos grados de cooperación internacional. Esto será posible, argumentan, siempre y cuando exista un actor preponderante que tenga la capacidad y voluntad de utilizar su poder y recursos como garante de dicho régimen. Es decir, las posibilidades de alcanzar y mantener un cierto grado de gobernanza internacional están sujetas, en última instancia, a la existencia de un actor con la capacidad y voluntad de ocupar el rol de hegemón en dicho régimen. Para ampliar esta idea se recomienda ver IKENBERRY, G. (2001).

Como consecuencia lógica, la estabilidad y permanencia del régimen estarán sujetas al destino del hegemón. Asimismo, el régimen reflejará las preferencias y estándares de éste. Esta visión es conocida como el enfoque estructural o de “poder hegemónico”. “This approach suggests that strong international regimes are a function of a hegemonic state that can exercise leadership over weaker states and that the absence of such a hegemonic state is likely to frustrate regime formation” (CHASEK P., DOWNIE D… 2006:23).

En cuanto a los análisis que desarrollan autores afines al materialismo histórico o neo-marxismo, éstos centran su atención en las asimetrías de poder en términos económicos y en la capacidad del capital para determinar las reglas de juego en los ámbitos internacional y nacional. Siguiendo esta línea de razonamiento, para comprender los patrones de cooperación internacional, lo más acertado es focalizar la mirada en las preferencias de los actores más poderosos en términos económicos y reconocer que, en muchos casos, las fronteras políticas no coinciden con la verdadera configuración de poder internacional. Para ampliar esta reflexión, se recomienda ver COX, R.

Por su parte, el institucionalismo liberal quizá sea una de las corrientes teóricas que más dedicación ha puesto en estudiar las condiciones en que la cooperación internacional es factible, necesaria e incluso exitosa. Siguiendo a Oran Young, distinguiremos dos tipos de argumentos utilizados por esta corriente para explicar la cooperación internacional. El primero alude a la noción de utilidad y parte de la premisa de que los actores son capaces de conocer de antemano y con claridad sus respectivas identidades e intereses. Así, estos actores pueden sentirse motivados a crear arreglos institucionales y cooperar cuando las ganancias que obtendrían por actuar en forma conjunta superan a las que obtendrán actuando en forma individual; o bien, cuando el actuar en forma individual le reportaría pérdidas al conjunto. El segundo tipo de argumentos se refiere a la posibilidad de que las instituciones, lejos de ser instrumentos neutrales e inocuos, puedan tener un rol significativo en la percepción y en la definición misma de los intereses e identidades de los actores. De este modo, las instituciones tendrían también un papel formativo en los patrones de interacción, tanto de los actores entre sí como de los actores con la institución (ROWLANDS 2001:55). Para ampliar la idea se recomienda ver KRASNER, 1983 y KEOHANE, 1998.

Existe un cuarto enfoque denominado cognitivo, que focaliza en el modo en que los agentes reciben, procesan, interpretan y se adaptan a nueva información en relación con su ambiente y con los demás actores. Así, para entender y explicar la cooperación internacional en áreas sujetas a elevados grados de incertidumbre y complejidad será sumamente importante dirigir nuestra mirada hacia aquellos sujetos y grupos que controlan, producen y difunden el conocimiento. Es evidente que este enfoque otorga un papel relevante a las comunidades epistémicas, es decir, a grupos transnacionales de expertos que mantienen encuentros esporádica o regulares para compartir conocimiento y elaborar un discurso común. No está de más señalar que estos grupos, además de poseer un común entendimiento acerca de los fenómenos que estudian, comparten valores e inclinaciones (HAAS P. 2001:324). Siguiendo esta línea, para entender la cooperación internacional será vital observar los modos en que dichas comunidades o sus miembros participan en los procesos de toma de decisión gubernamental. “Cognitive approaches suggest that transnational networks of scientists and policy makers would exert particularly strong influence during the development of international agreements” (ROWLANDS 2001:61).

Aquí podemos destacar al Panel Intergubernamental sobre Cambio Climático, o IPCC, que es un claro ejemplo de comunidad epistémica y ha tenido una importante incidencia en el desarrollo y evolución de regímenes internacionales. En este sentido, es interesante tener en cuenta la tendencia que señala Anne Mary Slaughter, cuando se refiere a que cada vez con mayor frecuencia diversas partes o agencias técnicas de los gobiernos (cortes, agencias regulatorias, ejecutivas y legislaturas, entre otras) se están interconectando con sus contrapartes en el exterior “creando una densa red de relaciones que constituyen una nueva forma de orden trans-gubernamental”. Algunas de estas relaciones se materializan luego en acuerdos formales (como por ejemplo, el Comité de Bancos Centrales de Basilea). Así, “estas redes, conjuntamente con otras de trabajo intergubernamental, están ayudando en una forma rápida, flexible y efectiva a llenar algunos de los vacíos regulatorios que las fuerzas de la globalización han dejado en evidencia” ( Simmons P. J. & Oudraat 2001:712).


Globalización, Gobiernos y Gobernanza

¿Cómo afecta la globalización la gobernanza doméstica? Ante todo hay que resaltar la vigencia del estado nación como actor fundamental y estructura primordial de organización política (NYE, 2000).

La globalización no causa efectos idénticos en todos los estados sino que estos dependen de una interrelación entre ella y las políticas domésticas de los diversos estados (la noción de un chaleco de fuerza igual para todos los estados no sería válida).

La globalización ¿debilita las instituciones del estado? La respuesta de Nye es que eso varía en cada caso. Depende del tipo y la fortaleza de las instituciones con las que cuente cada estado y esto a su vez se relaciona con condiciones de índole histórica, cultural, económica, etc.

En ciertos casos las presiones de los mercados pueden llevar a una mayor transparencia seguridad jurídica, apertura, liberalización económica y política (todo movido por la necesidad de atraer capitales y generar un buen clima de negocios). Sin embargo, en muchos países de bajo nivel de desarrollo los líderes se encuentran incapacitados de dar respuestas ante estos desafíos y el impacto de la globalización puede generar un efecto neto negativo.

¿Cómo pueden responder los Estados ante los problemas de gobernanza en diversas escalas?

Los Estados desarrollan instituciones internacionales de cooperación movidos por su interés en crear regímenes que permitan anticipar ciertos efectos (hacerlos más predecibles). De ese modo aceptan resignar una parte de su autonomía legal en función de poder restringir las acciones de otros estados y actores.

Hay múltiples casos en los cuales los gobiernos crean regímenes y ceden parte de su autoridad a organizaciones intergubernamentales para el control específico de ciertas cuestiones (ej: OMC, FMI). Algunos de estos regímenes tienen alcance global, muchos otros se forman por decisiones unilaterales. Esto es, la aceptación por parte de un estado de estándares internacionalmente reconocidos en diversas materias ( lavado de dinero: 40 recomendaciones del GAFI,; recomendaciones de Basilea sobre seguridad del sistema financiero, estándares medioambientales, normas ISO, etc); otros tienen escala bilateral o minilateral: regímenes para el aprovechamiento y conservación de ríos transfronterizos, etc. En ciertos casos acuerdos bilaterales tienen un efecto a nivel global (como el tratado antibalístico de 1972 entre la URSS y USA); otros escala regional: el claro ejemplo es la UE. (NYE 2000), aunque existen muchos más sin duda (OEA, ASEAN, etc.)

¿Cuáles son los temas que deberían atenderse a nivel global?. ¿Qué son los bienes públicos Globales?

A modo ilustrativo, enunciamos brevemente algunos de los temas que, sin duda, ocupan un lugar dentro de la agenda de gobernanza global:
- Gobernanza de la economía mundial: volatilidad de flujos de capitales (especial vigilancia a préstamos interbancarios, fondos de inversión, etc.) mantenimiento de liquidez oficial internacional para países o mercados financieros; pobreza.
- Gestión ecológica: el desarrollo de métodos de producción no contaminantes.
- Fusión entre tecnología de la información y la biología: manipulación genética.
- Regulación del sector corporativo: defensa de la competencia tanto en el ámbito nacional como internacional; responsabilidad de las corporaciones mediante estímulos activos y control riguroso.
- Seguridad: nuevas fuentes de conflicto ideológico (fundamentalismo religioso) con extensión regional y mundial; conflictos internos en los que, sin embargo, participan una variedad de agencias transnacionales: equipos de televisión, consejeros extranjeros, mediadores, ONG. Nuevas guerras, que son locales y globales al mismo tiempo; nuevas economías de guerra, que son descentralizadas, anárquicas y con apoyo de bandos externos (grupos terroristas, guerrilleros, criminales: tráfico de drogas, armas, diamantes, etc, gobiernos).

Un concepto clave en este sentido es el de Bienes Públicos Globales, entendiendo por estos aquellos “bienes que arrojan beneficios allende las fronteras, las generaciones y los grupos de población” (KAUL et al 1999). Recuérdese que, en su carácter de públicos, estos bienes no son excluibles (pudiendo, o no, haber rivalidad en su consumo) y en la mayoría de los casos el mercado los ofrece en forma insuficiente. El hecho de que no sea posible compartimentar su consumo resta incentivos a los actores individuales a proveerlos o pagar los costos necesarios para tal fin. “Para los protagonistas individuales, con frecuencia la mejor estrategia y más racional es dejar que los demás proporcionen el bien y luego disfrutar de él de manera gratuita. En el plano internacional, el problema de acción colectiva se agrava por la discrepancia entre efectos externos que tienen un alcance cada vez más internacional, y el hecho de que la principal unidad de formulación de política sigue siendo el estado nación” (KAUL et al 2000).

Ahora bien, ¿Cómo pueden responder los gobiernos a los desafíos que la globalización presenta y generar marcos para preservas los bienes públicos globales?

Ante todo, parafraseando a Giddens, parece imprescindible “tomar la globalización en serio” a fin de poder generar políticas nacionales más integradas en una perspectiva mundial. Desde este enfoque la gobernabilidad global y el desarrollo mundial deben ser encuadrados en los mismos principios abstractos que deben guiar el desarrollo a nivel nacional y local: un adecuado equilibrio entre gobierno, economía y sociedad (GIDDENS 2001). Esta visión resalta como las medidas que se aplican en el ámbito doméstico y refuerzan la capacidad del estado tienen un impacto a nivel global, aumentando el nivel de gobernabilidad global. Por ejemplo la defensa de la competencia a nivel doméstico previene la formación de monopolios a escala mundial; las políticas domésticas relacionadas con el medioambiente; leyes que vigilan ciertos flujos financieros, etc. Así, reforzar la capacidad del Estado no va en desmedro de profundizar los sistemas de cooperación internacional, si no más bien todo lo contrario. No solo no son excluyentes si no que serían complementarios.

Así, si bien la vinculación entre gobernanza doméstica y gobernanza global es clara, es preciso tener presente la advertencia que formula Nye sobre la invalidez de pensar a esta última recurriendo a lo que él llama la “analogía doméstica” (NYE, 2000). Sucede que cuando hablamos de gobernanza y globalización es común caer en el error de pensar la gobernanza global en los mismos términos en que se concibe el gobierno doméstico. Se puede opinar que un gobierno mundial puede ser deseable o no pero decididamente debe aceptarse que es muy poco factible en el corto y mediano plazo.

Entonces, si no es posible un gobierno mundial… ¿eso quiere decir que debemos dejar librado el proceso de globalización a las fuerzas del mercado? ¿Bastan éstas para garantizar la provisión de los Bienes Públicos Globales?

Es claro que sin algún tipo de protección ante la inseguridad personal que la globalización genera, esta puede volverse intolerable para muchos individuos y eso llevaría a una reacción (racismos, nacionalismos, etc.) que puede ser aún más peligrosa (FRIEDMAN, 2005; 1999).

¿Qué modelo de gobernanza global rigió desde la 2º posguerra?

El modelo del Club: La cooperación multilateral desde fines de 1945 se desarrolló en base a un modelo de Club. Ministros o funcionarios especializados en ciertas materias (inicialmente de un número pequeño de estados desarrollados) se reunían para establecer normas que regularían esa materia. Negociaban en secreto y luego reportaban sus acuerdos a legislaturas nacionales. Era difícil para el público entender la dinámica que producía los compromisos. Las organizaciones estaban dominadas por un grupo pequeño de profesionales que interpretaban sus mandatos y modificaban sus prácticas .Se puede decir que no tenían un alto grado de transparencia y esto mismo permitió la eficacia de los regímenes en muchos casos. Los regímenes se estructuraban en función de las diversas materias y los miembros (permitiendo descomponer el complejo de la cooperación multilateral según estos criterios en “islas de gobernabilidad”).

Sin embargo, comenzando en los 60 y en forma más acelerada en las últimas décadas, han ido aflorando elementos que plantean un serio desafío a este modelo:

- Se agrega un importante número de estados en desarrollo a los foros y organizaciones internacionales que persiguen intereses propios y distintos de los de los países desarrollados.
- Se suma un número importante de actores no gubernamentales (corporaciones del sector privado y tercer sector) que pretenden tener voz en los foros o instancias donde se toman decisiones que afectan sus intereses.
Junto con la tendencia mundial hacia la democratización surge una demanda por la democratización de las OIG. Se cuestiona la legitimidad de estas organizaciones basándose en la analogía doméstica (pretender que los mismos mecanismos y procedimientos que funcionan a nivel doméstico se lleven al plano de las OIG). Esto revive el debate legitimidad – eficacia (deconstrucción de los acuerdos, parálisis, incapacidad para alcanzar decisiones y ejecutarlas). Cómo incrementar la transparencia y responsabilidad sin someter todos los acuerdos a una revisión y deconstrucción. Además su suma un problema: la globalización social es muy fuerte en el sentido de que aumenta la actividad social transnacional, facilitada por el avance en las comunicaciones pero, sin embargo, la identificación o solidaridad a nivel global (un sentido de comunidad global) no se ha desarrollado suficientemente. Esto deja abierta la pregunta de cuál sería la comunidad internacional a ser representada.
- La separación entre los regímenes de cooperación según las diversas materias queda superada por la creciente interconexión entre los diversos campos (ej: comercio, derechos laborales, medioambiente, etc.) que hace cada vez más difícil mantenerlos como compartimientos separados. Entre las islas de gobernabilidad la globalización está produciendo conexiones reales (archipélagos), pero entre los regímenes establecidos para cada área hay poca vinculación y en el caso de las organizaciones de amplio alcance (ONU) estas son débiles.

¿Qué cambios han ocurrido que exigen la adaptación del modelo del “Club”?

Nuevos agentes en las redes, nuevas normas. (NYE 2000)

Lo expuesto plantea la necesidad de adaptar el modelo de cooperación internacional al nuevo contexto teniendo en cuenta dos cambios importantes. El primero se refiere a los nuevos agentes en cuestiones de políticas públicas a escala transnacional y el segundo es referente a las normas que se consideran relevantes en la cooperación multilateral.

Hoy en día, los Estados no son los únicos actores en la política mundial. Empresas privadas, ONG y hasta agencias o unidades del gobierno pueden jugar roles independientes o cuasi independientes del Estado. Estos agentes pueden exacerbar los dilemas de la difusión del poder, transparencia, parálisis, pero también pueden tener un rol activo en el logro de la gobernanza global. La relación entre estos tres agentes (gobierno, empresas, ONG) toma muchas formas (competencia, cooperación) y no es de suma cero.

Normas

La convergencia en el conocimiento, normas, prácticas y creencias es un preludio de la convergencia en instituciones. Las comunicaciones transnacionales sumadas a la democracia política promueven el desarrollo de ciertas normas globales. La violación de normas internacionales sobre derechos humanos deslegitima al estado, más allá de los derechos de soberanía y autodeterminación, dando lugar a las intervenciones humanitarias. Al mismo tiempo la tendencia a la liberalización de mercados (con excepciones evidentes) parece incuestionable.

En conclusión, para entender la gobernanza global en el siglo XXI vamos a tener que entender cómo es que los agentes en redes, interactúan en contextos de rápido cambio de normas. La gobernabilidad va a ser probablemente fragmentada y heterogénea (alejada de la analogía doméstica).

¿Cómo dotar al proceso de globalización de cierta coherencia, cómo limitar sus efectos desestabilizadores, cómo hacer frente a las nuevas amenazas comunes?

Se nos plantea la necesidad de encontrar una solución intermedia (ni un gobierno mundial ni un laissez faire absoluto). Desde la óptica de Nye esta solución consistiría en un conjunto de prácticas que permitan mejorar la coordinación y crear válvulas de seguridad para presiones políticas y sociales, que sea consistente con el mantenimiento del estado nación como actor principal y al mismo tiempo reconozca la existencia e importancia de otros actores (sector privado y tercer sector). La solución propuesta se podría llamar de minimalismo interconectado. Minimalismo porque la gobernanza global sólo será aceptable en la medida en que no pretenda reemplazar al estado nación y se establezca en torno de un mínimo común denominador. Interconectado porque la globalización se trata más de relaciones de interconexión que de relaciones jerárquicas. (Nye, 2000)

Algunos ejemplos de este tipo de estructuras trisectoriales que permiten un uso mas eficiente del conocimiento, corregir fallas de los mercados y ampliar la participación de todos los actores implicados, son:

* La Comisión Mundial de Represas (WCD): con representantes y financiamiento proveniente de gobiernos, empresas y ONG.
* Para el manejo de los dominios en Internet el gobierno de USA ayudó a la creación de ICANN, una ONG que complementa y trabaja junto con empresas privadas.
* Roll back Malaria: fundada en 1998. Objetivos: reducir la mortalidad por malaria (especialmente en África). Sus miembros son: OMS, BM, UNICEF, UNDP, agencias de gobierno, bancos de desarrollo, agencias bilaterales, actores del sector privado, ONG.
* Asociación mundial del agua: 1996. Objetivo: mejorar el manejo de este recurso a nivel mundial. Miembros: estados (desarrollados y en desarrollo) , asociaciones profesionales, de investigación, corporaciones privadas, ONG.
* Citibank utiliza las ONG locales para brindar microcréditos en Bangladesh. (Reinicke, 1999)

¿Cuáles son los problemas que deben tenerse en cuenta en el diseño de un modelo de gobernanza global?

Dilema legitimidad-eficacia: se trata del problema de la deconstrucción de los acuerdos, parálisis, incapacidad para alcanzar decisiones y ejecutarlas. ¿Cómo incrementar la transparencia y responsabilidad sin llevar todos los acuerdos a una revisión y deconstrucción? Tengamos en cuenta que la legitimidad tiene dos dimensiones: inputs y outputs (origen y ejercicio)

El problema de la legitimidad desde el punto de vista de los inputs (origen): responde a una demanda que se asienta en la analogía doméstica (resaltando la responsabilidad de los funcionarios públicos a través de los mecanismos de representación, obligación de rendir cuentas a los electores, etc). En el plano doméstico se dan ciertos supuestos: una persona = un voto, pero si llevamos eso al plano mundial cerca de 200 Estados se verían sujetos a la voluntad de dos (India- China); en el plano doméstico los representantes deben apelar al público para ser reelegidos, en el plano internacional esto no sucede, en el mejor de los casos, los representantes ante las organizaciones internacionales son elegidos por funcionarios elegidos democráticamente y reportan ante ellos. ¿Cómo lograr que el público esté más involucrado en los procesos de toma de decisión a nivel multinacional sin caer en la parálisis del sistema?. Por otra parte, ¿cuál sería la comunidad internacional representada ( el público) si aún no se ha conformado un sentido de identidad transnacional y la identificación nacional sigue siendo el vínculo político más fuerte?. Además, se necesita establecer mecanismos que promuevan la transparencia no sólo en las OIG sino también en las ONG y EMN y en las redes que estos tres actores establecen.

El problema surge por concebir la legitimidad de origen como responsabilidad en los mismos términos que en el plano doméstico. Se plantean demandas que son imposibles de responder porque en el plano transnacional no se dan los mismos supuestos que en los estados nación (sentido de comunidad, cultura común, lenguaje, etc.). De todos modos, no todo está perdido, existen otros mecanismos (que no son el voto, el debate público, las encuestas, etc) que tienen la capacidad de generar cierta responsabilidad. Por ejemplo: los mercados, la competencia, el establecimiento de normas por asociaciones profesionales, la denuncia pública ante prácticas de empresas con marcas reconocidas o ante acciones de gobiernos corruptos. Todos estos son mecanismos que, en distintas formas, generan responsabilidad asignando premios y castigos a quienes llevan una conducta correcta, en el primer supuesto, o incorrecta, en el segundo.

De lo anterior se desprende la imperiosa necesidad de desarrollar un marco teórico que se refiera específicamente al nivel global y que permita establecer criterios normativos para juzgar la legitimidad democrática, en vez de referirnos al llamado “déficit democrático” que resulta de aplicar la analogía doméstica.

Pero también legitimidad tiene que ver con los outputs (ejercicio) y con la eficacia en dar soluciones a problemas globales (medioambiente, seguridad, pobreza, etc). Si estos resultados son positivos, entonces eso puede devolver cierta legitimidad a las instituciones encargadas de los asuntos de gobernanza global. Del mismo modo, debemos considerar el riesgo de que si la demanda por una mayor legitimidad de origen es muy fuerte (y se continúa aplicando la analogía doméstica) esto pueda reducir las posibilidades de ofrecer resultados concretos (parálisis), restando caudal a la, hasta el momento, principal fuente de legitimidad global.

Finalmente, un esquema útil para analizar los regímenes de gobernanza global tendrá en cuenta los siguientes puntos (Simmons, P.J 2001):

ACTORES:
Estados y asociaciones de Estados (G8, G10, UE, Grupo Cairns, etc).
Organizaciones internacionales, incluyendo organizaciones inter gubernamentales (ONU, FMI, etc.) e híbridos (es decir aquellas en las que participan agencias de gobiernos, expertos, ONG, corporaciones privadas del tipo de Asociación Internacional para la Estandarización (ISO), etc.
Comunidad de negocios y sector privado (empresas y asociaciones sin fines de lucro que promueven el interés de las empresas, como la Cámara de Comercio Internacional).
ONG y sociedad civil.
Expertos: individuos especializados en cuestiones técnicas, regulatorias o científica que aconsejan a los decisores políticos.
Comunidad epistémica: grupos transnacionales de expertos que se reúnen esporádicamente y comparten conocimientos.

AGENDA SETTING: se refiere a elevar una cuestión a la escena internacional y en ciertos casos enmarcar objetivos específicos de negociación y acción. Una cuestión puede emerger gracias a una cuidada estrategia, o bien, en forma no intencional. Es importante preguntarse ¿qué actores y técnicas son utilizadas para llevar una cuestión a la escena internacional?

NEGOCIACIÓN: es el paso en el cual los participantes intercambian información, sientan sus posiciones y pueden entrar en coaliciones para llevar el debate hacia determinadas áreas. Es el momento en el cual las intenciones se convierten en objetivos declarados, normas, compromisos. Es importante tener en cuenta: 1) ¿Qué roles desempeñan los diversos actores en las negociaciones?, 2) ¿Cómo se seleccionan e implementan las diversas estrategias e instrumentos de negociación?, 3) Qué resultados se logran y qué tan efectivos son estos en dar respuesta al problema?

IMPLEMENTACIÓN Y CUMPLIMIENTO: en esta fase los actores traducen las intenciones detrás de los acuerdos en acciones. La implementación consiste en una amplia gama de actividades que desarrollan los estados y actores no estatales para promover acciones y comportamientos que cumplan lo acordado. Esto va desde la incorporación de normas en el nivel doméstico, reformas dentro de una corporación, acciones de presión por parte de ONG para forzar a un estado o corporación a cumplir ciertas reglas, programas de organizaciones internacionales para mejorar la capacidad de los estados para implementar los acuerdos, etc. Cumplimiento describe el grado en que realmente los estados y actores no estatales adhieren a las reglas (vinculantes y no vinculantes) o a los objetivos acordados. En esta fase es útil el uso de técnicas de monitoreo (reunir la información sobre el grado y esfuerzos para el cumplimiento de lo acordado) y verificación, (por el cual se certifica fehacientemente que un miembro cumple o no). Es importante desarrollar efectivos medios de monitoreo y verificación.

REACCIÓN ANTE EL INCUMPLIMIENTO: incluye incentivos, asistencia técnica, diplomacia, denuncia pública, sanciones económicas, uso de la fuerza. Sin embargo son raramente formalizadas en los acuerdos intergubernamentales o privados. Cuando existen cláusulas que determinen quién o quienes son responsables de determinar el incumplimiento y qué debería pasar si los miembros no cumplen lo pactado, estas suelen ser poco específicas. Es importante preguntarnos 1) ¿qué roles juegan los diversos actores en formular e implementar las reacciones ante el incumplimiento? 2) ¿Qué estrategias se emplean?, 3) ¿Cuáles son las más efectivas?.

Un último punto: la efectividad

A veces ésta se logra mediante la acción coordinada de un grupo pequeño de poderosos estados. En otros casos esta es producto de redes de varios gobiernos trabajando en conjunto con ONG y el sector privado. ¿Qué funciona mejor? No existe una fórmula mágica. Lo claro es que el manejo de los asuntos globales es el producto de muchas manos tratando de mover muchas manijas no siempre en sincronización ni con los resultados esperados.
La complejidad, superposición y lo convulsionado del escenario en el que se desenvuelven muchos de estos temas hacen muy difícil teorizar sobre el manejo efectivo de los asuntos globales. Como cientistas políticos y estudiosos de las relaciones internacionales, es esta nuestra tarea.

VIDEOS RECOMENDADOS

Robert Keohane - Conversations with History (57 minutos)


LECTURAS RECOMENDADAS

Simmons, P.J; de Jonge Oudraat, Chantal (2001)
Managing Global Issues: Lessons Learned. Washington, DC: Carnegie Endowment for International Peace.

KAUL, Inge, GRUNBERG, Isabelle & STERN, Marc (1999) Global Public Goods. PNUD. New York.

KRASNER Stephen D (1983) “Structural Causes and Regime Consequences: Regimes as Intervening Varables” en International Regimes. Editado por S. D. Krasner, Ithaca: Cornell University Press.

Keohane D. & Nye, J. (2000) “Introduction” en NYE & DONAHUE (eds.) Governance in a Globalizing World. Brookings Institution Press. Washington.

KEOHANE, Robert (1998) “Institutions: Can Interdependence Work?”. Foreign Policy Spring 1998.

CHASEK P., DOWNIE D., WELSH BROWN, J. (2006) Global Environmental Politics. Westview Press, Colorado.

Cover Story “What is the International Community” Foreign Policy September October 2002

COX, Robert C., "Gramsci, Hegemony and International Relations: An Essay in Method", en Stephen Gill (ed.), Historical Materialism and International Relations, Cambridge University Press, Cambridge

FRIEDMAN, Thomas (2005) The World is Flat . Farrar, Straus and Giroux, New York.

FRIEDMAN, Thomas (1999) Tradición versus innovación. Editorial Atlántida. Buenos Aires.

GIDDENS, Anthony (2001) La Tercera Vía y sus críticos. Taurus. Buenos Aires.

Reinicke Wolfgang H. (1999) “The other World Wide Web: Global Public Policy Networks” en Foreign Policy Winter 1999-2000.

Nuevas Tecnologías - Ficha 3

Cuando nos preguntamos qué es lo característico de este sistema de la globalización, no podemos dejar de pensar en lo que muchos autores han dado en llamar las space-shrinking technologies. Con este término, nos referimos a aquellos avances en materia de transportes, comunicaciones y procesamiento de información que nos permiten superar/relativizar cuestiones tan reales como el tiempo y el espacio.

Sin duda, la introducción de la aviación aerocomercial a fines de los 50 y la del container para el traslado de mercaderías por tierra y mar han sido fundamentales para el achicamiento del mundo. No obstante, “communication technologies must now be regarded as the key technologies transforming relationships at the global scale”. “The new telecommunications technologies are the electronic highways of the informational era, equivalent to the roles played by the railway system in the process of industrialization”. (DICKEN, 2003: 94).

En otras palabras, las innovaciones en los canales de transmisión (satélites y fibra óptica), la confluencia de las tecnologías de procesamiento de información con tecnologías de la comunicación (
TIC), y el surgimiento y crecimiento exponencial de Internet resultan ser los avances tecnológicos que están revolucionando el modo en que los individuos, grupos y organizaciones interactúan.

¿Y en qué situaciones concretas podemos ver este impacto revolucionario de la tecnología?

- El acceso a la información multiplica los actores y altera los balances de poder.
- También altera el sentido de proximidad/distancia y esto modifica identidades y sentidos de comunidad (nuevas configuraciones sociales y culturales).
- Finalmente, permite comunicarse, consultar y coordinar a menor costo habilitando la acción colectiva transnacional a través de redes (vale tanto para empresas como para ciudadanos y ONG’s).

En esta ficha analizaremos el desarrollo de este proceso y repasaremos los impactos de las tecnologías en la política, la economía y la cultura a nivel global.


1. El concepto de redes

Existen básicamente 3 modos de coordinar la acción colectiva: la jerarquía, los mercados y las redes. Una red es un conjunto de nodos interconectados. Si bien la red es una forma antigua de coordinación, en la época actual se han vuelto una forma predominante y poderosa gracias a Internet y otras tecnologías de la información. (Castells, 2001).

A diferencia de las otras 2 formas de coordinación, la red es extraordinariamente flexible y adaptable. Estas características la hacen óptima para un contexto cambiante y veloz. Sin embargo, las redes presentaban tradicionalmente un gran problema: la dificultad de coordinar a gran escala.

La introducción de las tecnologías de la información y la comunicación basadas en Internet permitió superar este inconveniente, potenciar la adaptabilidad y flexibilidad, y así coordinar tareas y manejar la complejidad a gran escala. El resultado es una capacidad sin precedentes de tomar decisiones, ejecutar tareas en forma coordinada pero descentralizada, y expresarse individualmente a través del globo.

En el último cuarto del s. XX tres procesos independientes convergieron:

- La necesidad económica de gerenciamiento flexible y administración global del capital, la producción y el comercio.
- Las demandas de la sociedad en pos de más libertad individual y comunicación abierta.
- Los extraordinarios avances en computación y telecomunicaciones.

Estos tres procesos son, según Castells (Castells, 2002) las bases del actual sistema de la globalización (una nueva forma de sociedad y una nueva economía).


2. La evolución de la tecnología: del transistor a Internet
(Sección basada en Castells, 1996).

“Internet es la base tecnológica para la forma organizacional de la Era de la Información: la red” (Castells, 2002:1). Internet es un medio de comunicación de muchos emisores a muchos receptores, en tiempo real a escala global. Su auge se dio a partir de 1995 y, con el correr de no más de 10 años, se diversificó e intensificó su calidad de uso. A través de Internet hoy se organizan actividades económicas, sociales, políticas y culturales. ¿Pero cómo llegamos hasta acá?

A pesar de que los antecedentes industriales y científicos de las tecnologías basadas en la información puede remontarse a muchas décadas antes de 1940 (la invención del teléfono por Bell en 1876, de la radio por Marconi en 1898 y del tubo de vacío por De Forest en 1906); los mayores avances tecnológicos tuvieron lugar durante la II Guerra Mundial y el período de post-guerra: la primera computadora programable y el transistor. No obstante, recién en los ’70 estas tecnologías se difundieron ampliamente dando lugar al surgimiento de un nuevo paradigma.

Hay 3 campos tecnológicos altamente interrelacionados para dar sustento a este argumento: microelectrónica, computadoras y telecomunicaciones.

Microelectrónica

El transistor fue inventado en 1947 en los laboratorios Bell de Nueva Jersey por tres físicos ganadores del premio Nobel. Éste hizo posible procesar los impulsos eléctricos rápidamente en un modelo binario de interrupción y amplificación, permitiendo la codificación de la lógica y de la comunicación con y entre máquinas (estos elementos de procesamiento son los semiconductores y la gente se refiere a ellos como “chips”). El uso de los transistores fue difundiéndose y simplificándose: cada vez eran más pequeños y con mayor poder de procesamiento (miniaturización, uso de silicona).

El paso decisivo tuvo lugar en 1957: el circuito integrado fue inventado por un ingeniero de Texas Instruments y uno de los fundadores de Fairchild Semiconductors, desatando una explosión tecnológica: en sólo tres años, entre 1959 y 1962 los precios de los semiconductores disminuyeron un 85% y la producción se incrementó en un 20%. El movimiento se aceleró durante los ’60 gracias al uso de mejores tecnologías de manufactura, mejor diseño de chips, el empleo de computadoras con dispositivos electrónicos más veloces y potentes, entre otros.

El gigantesco salto adelante en difusión de la microelectrónica tuvo lugar en 1971 con el invento del microprocesador (la computadora en un chip). Éste estuvo a cargo de un ingeniero de Intel, Ted Hoff (también del Silicon Valley). De esta forma, el poder de procesamiento de información pudo ser instalado en cualquier aparato. La carrera tecnológica se trató de la búsqueda de una mayor capacidad de integración de los circuitos en un solo chip.

El poder del chip se evalúa por una combinación de 3 características:
* Capacidad de integración (indicada por la menor línea de ancho en el chip que se mide en micrones, siendo un micrón la millonésima parte de una pulgada).
* Capacidad de memoria (medida en bytes, K y MB).
* Velocidad del microprocesador (medida en megahertz).

Así, el primer procesador de 1971 contaba con 6.5 micrones y para 1999 se esperaba que llegara a 0.25. Mientras que en 1971 cabían en un chip del tamaño de un pulgar unos 2.300 transistores, en 1993 lo hacían 35 millones. La capacidad de memoria (indicada por DRAM – dynamic random access memory) en 1971 era de 1.024 b y para 1999 se calculaban 256.000.000. En cuanto a velocidad, los actuales (1995) microprocesadores de 64b son 550 veces más rápidos que el primer chip de Intel de 1972. Los sostenidos avances en miniaturización, especialización y la caída de precios, hacen posible colocar los chips en las máquinas de todos los días a un valor accesible para el consumidor promedio.

Computadoras

Las computadoras también nacieron de la II Guerra Mundial, pero recién cobraron vida en 1946 en Filadelfia. Los mayores esfuerzos aliados se concentraron en el equipo de I&D del MIT, y los experimentos con poder de cálculo estuvieron en el programa de la Universidad de Pennsylvania (sponsoreado por el Ejército). De aquí surgió en 1946 la primer computadora multipropósito que se denominó ENIAC: electronic, numerical integrator and calculador. Pesó 30 toneladas, estaba construida en módulos de metal de 9 pies de altura, tenía 70.000 resistencias y 18.000 tubos de vacío y consumía tanta energía que cuando la prendían, todas las luces de Filadelfia titilaban.

La primera versión comercial, la UNIVAC1, fue producida en 1951. Ésta resultó útil en el procesamiento del Censo de Población de USA de 1950. IBM, también apoyada por las FFAA entró en el juego en 1953 con una máquina con 701 tubos de vacío. En 1958 apareció una segunda generación de computadoras mainframe (es el aparato gigantesco –que ocupaba salas- que antecede a las PC). IBM comenzó a competir hasta dominar el mercado de mainframes. Sus principales competidores habían desaparecido para la década del ’90 demostrando lo rápida que es la destrucción creativa Schumpeteriana en esta industria. En los 70 la propia industria se organizó en una jerarquía de productores de mainframes, minicomputadoras y terminales, con alguna informática.

La microelectrónica cambió todo esto introduciendo “la revolución dentro de la revolución”. El advenimiento del microprocesador en 1971, con la capacidad de poner una computadora en un chip, dio vuelta el mundo. La primer “caja de computar” (antecedente de las PC) fue construida en 1975 en Albuquerque y se llamó Altair. La máquina era un objeto primitivo pero era la primer computadora en pequeña escala con microprocesador propio.

Ésta fue la base para el diseño de las Appel, la primer computadora comercialmente exitosa creada en un garage por dos jóvenes. IBM reaccionó rápidamente: en 1981 introdujo su propia versión de la microcomputadora con un nombre genial: Computadora Personal (PC según sus siglas en inglés). Ésta no había sido desarrollada con tecnología propia de IBM sino mediante colaboraciones y asociados. Por este motivo, la PC se convirtió en un elemento “clonable”, lo cual comenzó a realizarse a escala masiva en pocos años (en particular en Asia). En respuesta, en 1984 Apple Macintosh lanzó el primer sistema operativo amigable con el usuario, a través del uso de íconos y una interface desarrollada en el centro de investigación de Xerox en Palo Alto.

Una condición fundamental para la difusión de las microcomputadoras se alcanzó con el desarrolló de un nuevo software para su operación. El software de PC también había surgido en los 70 a raíz del entusiasmo generado por Altair: dos jóvenes que habían abandonado Harvard, Bill Gates y Paul Allen, adaptaron el soft BASIC para operar Altair en 1976. Dándose cuenta del potencial, fundaron Microsoft, actual gigante del software cuyo sistema operativo domina completamente el mercado de PC (en la segunda mitad de los ’90 surge, como contrapartida, Linux, un sistema operativo open-source o de código abierto, creando un nuevo paradigma en la industria).

En las dos últimas décadas, el creciente poder de los chips dio lugar a un dramático incremento del poder de las PC’s, disminuyendo las funciones y el mercado para las computadoras grandes. A comienzos de los ’90 PC’s con un solo chip tenían el mismo poder de procesamiento que un mainframe IBM de 5 años antes. Los sistemas integrados de microprocesadores, compuestos por pequeñas computadoras de escritorio (desktop) denominadas “clientes” unidas a una computadora de mayor tamaño y más poderosa denominada “servidor” han reemplazado a los tradicionales mainframes. Desde mediados de los ’80 a la fecha, las computadoras no se conciben solas sino integradas en redes y portátiles. Los ’90 marcaron un giro fundamental: del almacenamiento centralizado de datos al trabajo compartido en red. Este cambio afectó al sistema tecnológico, pero también a las interacciones sociales y organizacionales.

Telecomunicaciones

La capacidad de interacción y trabajo en red fue posible gracias a los avances en telecomunicaciones y tecnologías de redes alcanzados durante los ’70. Las telecomunicaciones fueron revolucionadas por la combinación de las tecnologías de nodo (switches y routers) y de transmisión. En 1969, Bell Labs produjo el primer switch electrónico industrializado. Para mediados de los ’70 se había creado el switch digital, incrementando la velocidad, el poder y la flexibilidad, ahorrando espacio, energía y mano de obra. ATT y Northern Telecom compitieron por su introducción en el mercado global pese a la fuerte inversión a amortizar.

La capacidad de las líneas de transmisión fue ampliada por los avances en fibra óptica, transmisión por láser y el empaquetamiento digital de la información. En los ’70 fue revolucionario el lanzamiento de las ISDN (integrated services digital networks), mientras que su equivalente en los ’90 son las IBN (integrated broadband networks). Las primeras funcionaban basadas en cables de cobre con una capacidad de transmisión de 144.000 b, mientras que las segundas funcionan sobre fibra óptica y alcanzan el cuadrillón de b.En 1950 el primer cable telefónico transatlántico llevaba 50 circuitos de voz comprimidos; en 1995 los cables de fibra óptica pueden llevar 85.000 circuitos. El empleo de fibra óptica y láser, sumado a avanzadas arquitecturas de switching y routing (ATM y TCP/IP –transmission control protocol / interconnection protocol) son la base de la “Autopista de la Información” de los ’90.
Las diferentes formas de utilización del espectro de radio (transmisión tradicional, a través de satélite, microondas, telefonía celular digital), el cable coaxil y la fibra óptica ofrecen una variedad y versatilidad de tecnologías de transmisión que van adaptándose a gran cantidad de usos y permiten la comunicación ubicua entre usuarios en movimiento. En particular, la telefonía celular, difundida a nivel global durante los ’90, aspira a convertirse en el medio de comunicación personal en cualquier parte del planeta para el s. XXI.

La revolución de las TI fue norteamericana en su origen y en su expansión, básicamente californiana (el Syllicon Valley fue un cluster de capital humano altamente calificado de USA y otras partes del mundo, con apoyo gubernamental –contratos de defensa- y universitario –Stanford- en el cual nuevas empresas eran creadas constantemente para continuar innovando gracias a la accesibilidad del capital de riesgo). Sin embargo las alianzas, interacciones y fusiones con empresas de otras partes del mundo, hicieron que el origen nacional fuera menos relevante. Mientras que en USA la innovación tecnológica estuvo dada fuera de las grandes ciudades, en el resto del mundo las capitales industriales se reconvirtieron en capitales tecnológicas.

La transformación tecnológica interactúa con la economía y la sociedad dando lugar a un paradigma tecno-económico (cluster de innovaciones tecnológicas, organizativas y gerenciales cuyas ventajas están en los nuevos productos y sistemas y en las dinámicas de la estructura de costos relativa de los posibles inputs para la producción). El cambio actual es de un paradigma basado en inputs baratos de energía a uno sustentado en inputs baratos de información derivados de avances en microelectrónica y telecomunicaciones.

Las características del nuevo paradigma son:
- La materia prima es la información (el objetivo no es tener información sino usarla).
- Las nuevas tecnologías penetran en todos los aspectos de la vida.
- La forma organizativa es la interacción a través de redes que permite manejar la complejidad y fomentar la creatividad.
- Es un paradigma basado en la flexibilidad y la reconfiguración constante.
- Las distintas tecnologías convergen en un sistema integrado e interdependiente.


3. Algunos datos sobre la historia de Internet
(Sección basada en Castells, 2003).

Los orígenes de Internet datan de 1969, año en que el gobierno de los EE UU decidió dar impulso a la creación de una red de computadoras en el seno de la Agencia de Investigación de Proyectos Avanzados (ARPA según sus siglas en inglés). ARPA había sido creada en 1958 por el Departamento de Defensa con el objetivo de motorizar proyectos de investigación. Trabajaría en estrecha cooperación con el ámbito universitario y su fin primordial sería lograr superioridad tecnológica militar frente a la superpotencia soviética. No es un hecho menor que en 1957 la URSS hubiera logrado, por primera vez en la historia humana, colocar un satélite artificial (Sputnik) en órbita.

Así, ARPA NET fue el nombre inicial que recibió esta red de computadoras. Sus primeros nodos se encontraron en diversas sedes de la Universidad de California y en la Universidad de UTAH. Para 1971 ya había 15 nodos, la mayor parte de ellos localizados en centros de investigación. El paso siguiente sería lograr que ARPANET pudiera conectarse con otras redes de computadoras. En 1973 científicos de la Universidad de Stanford, sobre la base de las investigaciones que venía realizando el Network Working Group (entre quienes se encontraba Jon Postel), elaboraron un proyecto que delinearía la arquitectura básica de esta red de redes. A fin de que las computadoras pudieran comunicarse sería necesario desarrollar un protocolo. Entre 1973 y 1978 se diseñó y perfeccionó el TCP (transmission control protocol) /IP (Inter-network protocol), que es el estándar sobre el cual opera INTERNET hoy en día.

En 1975 se transfirió el proyecto ARPANET a la agencia de comunicaciones de defensa (DCA). En 1983 el Departamento de Defensa, preocupado por la posibilidad de que existieran fallas de seguridad en ARPANET, creó una nueva red destinada exclusivamente a asuntos militares (MILNET) y ARPANET se convirtió en ARPA-INTERNET.

Para 1990, la red de redes, ARPA-INTERNET, fue transferida al ámbito civil, quedando a su cargo la National Science Foundation. Pero el control de esta entidad sobre la red duró poco tiempo y sobrevino la denominada “privatización” de Internet. Hay que tener en cuenta que, previamente, el Departamento de Defensa había empezado a comercializar la tecnología de conexión a Internet y para esa fecha la misma estaba dentro del dominio público (la mayor parte de las computadoras en 1990 tenían incorporada la tecnología de interconexión). Por otra parte, a principios de la década varios proveedores de Internet habían generado sus propias redes y establecido routers en vistas de brindar el servicio de acceso a Internet sobre una base comercial. En adelante, INTERNET creció rápidamente y se convirtió en una red global de redes de computadoras.

“This was made posible by the original desing of ARPANET, based on a multilayered, decentralized architecture, and open communication protocols” (Castells 2003:12).

Video: la invención de la World Wide Web por el científico inglés Tim Berners-Lee.


¿Cómo es administrada Internet?
(Sección basada en Cukier, 2005).

En primer lugar, y en contraposición con el mito de que Internet es un ámbito completamente descentralizado y anárquico, es interesante recordar que toda red requiere de algún tipo de control para funcionar. En el caso de Internet es preciso asegurar la correcta asignación de nombres de dominios, números de protocolos de Internet, la localización y manejo de los servidores raíz, así como establecer formalmente los estándares técnicos para garantizar la interoperabilidad de la red.

Durante la mayor parte de su historia Internet fue administrada por los mismos ingenieros y académicos que habían ido desarrollando las herramientas técnicas que le permitieron adquirir su formato actual y funcionar. De hecho, hasta no hace mucho tiempo era una sola persona la que estaba a cargo de garantizar su funcionamiento (Jon Postel). Finalmente en 1998, y tras una serie de negociaciones entre la comunidad de negocios, gobiernos de diversos Estados y ONG que abogaban por mayor participación en el control de Internet, la administración Clinton decidió la creación de ICANN (Internet Corporation for Asigned Names and Numbers), que es la entidad que hoy en día desempeña esta función.

“The global phone system, for example, is administered by the world's oldest international treaty organization, the International Telecommunication Union, founded in 1865 and now a part of the UN family. The Internet is different. It is coordinated by a private-sector nonprofit organization called the Internet Corporation for Assigned Names and Numbers (ICANN), which was set up by the United States in 1998 to take over the activities performed for 30 years, amazingly, by a single ponytailed professor in California” (Cukier: 1)


4. Relaciones causales y consecuencias

¿Qué tienen que ver la microelectrónica, las computadoras y las telecomunicaciones con los cambios que vive nuestro mundo y nuestra sociedad? Estas nuevas tecnologías impactan directamente sobre los modos en que nos comunicamos (en cuánto tiempo, cuántas personas, a qué costo, qué cantidad de información, sobre qué soportes o medios, etc). La comunicación es uno de los aspectos específicos del ser humano y el sustrato sobre el cual se construye la sociedad; por lo tanto, un cambio trascendental en los modos de comunicarse necesariamente afectará la forma en que la sociedad se organiza y viceversa.

Las tecnologías que priman actualmente se caracterizan por su flexibilidad. Ésta determina que, no sólo son susceptibles de intensificar las tendencias contradictorias presentes en nuestro tiempo, sino que también los resultados son abiertos y cambiantes (la globalización no tiene una trayectoria determinada).

Lo anterior nos estaría indicando que no debemos caer en una posición determinista. La tecnología no genera cambios por el mero hecho de existir. El avance tecnológico no puede verse como algo desligado de los contextos sociales e institucionales donde se gesta. Las tecnologías son adoptadas y readaptadas por individuos, grupos y organizaciones que hacen uso de ellas. También se encuentra en estrecha relación con los marcos político, social y económico donde estos actores se desenvuelven.

“People, institutions, companies and society at large transform technology, any technology, by appropriating it, by modifying it, by experimenting with it. This is the fundamental lesson from the social history of technology, and it is even more so in the case of the Internet, a technology of communication” (CASTELLS, 2002:59).

“In fact, technology in, and of, itself does not cause particular kinds of change. It is, essentially, and enabling and facilitating agent. It makes possible new structures, new organizational and geographical arrangements” (DICKEN, 2003:85).

Habiendo hecho esta salvedad, no podemos dejar de plantearnos interrogantes acerca de cuáles son las transformaciones que se están operando en lo social/económico/político a partir de las TICs. ¿Nos encontramos ante el advenimiento de la Sociedad Red? ¿Qué es la “nueva economía” o economía del conocimiento?

Como guía para la reflexión, veamos lo que nos dicen los expertos:

“As new technologies of energy generation and distribution made possible the factory and the large corporation as the organizational foundations of industrial society, the Internet is the technological basis for the organizational form of the Information Age: the network (...) Networks have traditionally had to reckon with a mayor problem, in contrast to centralized hierarchies. They have had considerable difficulty in coordinating functions, in focusing resources on specific goals (...) The introduction of computer based information and communication technologies, and particularly the Internet, enables networks to deploy their flexibility and adaptability (...) These technologies allow the coordination of tasks and management of complexity. This results in an unprecedented combination of flexibility and task performance, of coordinated decision-making and decentralized execution, of individualized expression and global, horizontal communication, which provide a superior organizational form for human action (…) The Internet became the lever for the transition to a new form of society” (CASTELLS, 2002:-2).

“For the first time in history, information generation, processing and transmission have become the main commodities and sources of productivity and power and not only means of achieving better ways of doing things in the production process” (RENNSTICH, 2002:174).

Analicemos qué sucede en algunos campos particulares de la acción humana:

Tecnología y política

En sus comienzos, se esperaba que Internet –al facilitar el acceso a la información y la comunicación- favoreciera la democracia y permitiera avanzar hacia una e-democracy (voto electrónico, expresión de preferencias a los representantes vía e-mail, consulta permanente de las BdD on-line del gobierno, trámites electrónicos, etc). Sin embargo, numerosos estudios coinciden en que los avances en este campo han sido mínimos: las experiencias de voto electrónico y remoto son contadas, los políticos y funcionarios no actualizan sus páginas web y no responden en tiempo real a los reclamos de los ciudadanos, el gobierno no publica en Internet toda la información “no secreta”.

La utilización de las nuevas tecnologías por los políticos crece en épocas de elección, pero con una lógica tradicional: se multiplican las webs con sus propuestas y bombardean las casillas de los votantes con e-mails. No se hace un uso selectivo ni direccionado de la tecnología para transmitir la información a diferentes públicos.

Sin embargo, Internet sí juega un rol importante en materia de la nueva dinámica política conocida como la “política informacional”: en un contexto de baja legitimidad de los partidos y la política en general, la política de medios se vuelve altamente personalizada y se organiza en torno a la imagen de los candidatos, prevalece una temática del escándalo político. Internet es el vehículo ideal para hacer circular versiones y rumores de toda clase que luego pueden ser tomados o no por los medios de comunicación tradicionales.

En este sentido, si bien las nuevas tecnologías pueden contribuir a fortalecer la democracia al contrarrestar el secreto y exponer más asuntos en la arena pública; también colaboran con el círculo de la deslegitimización al multiplicar y maximizar las teorías conspirativas, los escándalos y las denuncias (a veces sin ningún fundamento).

En materia de seguridad, la política informacional da lugar al surgimiento de una nueva doctrina de seguridad apropiada a la era de Internet (ver en Castells citas de trabajo de Arquilla y Ronfeldt).

Por un lado surgen nuevas amenazas cibernéticas, como los ataques de hackers a instalaciones y sistemas militares. Más amplio que esto es la vulnerabilidad de cualquier sistema informático de un Estado, de un conjunto de Estados que colaboran o de emprendimientos tripartitos (Estados, empresas y sociedad civil). Cuanto más amplia y diversificada es la participación, mayor posibilidad existe de encontrar un eslabón débil a través del cual penetrar y quebrar el sistema. Por este motivo, no basta con proteger los sistemas del Departamento de Defensa o de la Agencia de Inteligencia... la vulnerabilidad está en todas partes.

Otro tema es la “noopolitik” (Castells, 2002: 160) o “cyberpolitik” (Rothkopf) que convive lado a lado con la realpolitik estadocéntrica en este mundo globalizado. Hacemos referencia a la política de lo que sucede en el ciberespacio o en cualquier otro sistema de la información: la diplomacia pública, la difusión de información para inculcar valores y construir poder blando, etc. Esta política precisa una infraestructura tecnológica, habilidad para generar y transmitir información libremente, y también una nueva actitud en políticos y burócratas (abierta, flexible). “La hegemonía cultural no se trata más de la persuasión, requiere la aceptación de una co-evolución” (Castells, 2002:161).

Finalmente encontramos a la tecnología alterando la forma en que los ejércitos se organizan y funcionan, lo cual determina las nuevas formas de librar una guerra. Está emergiendo un nuevo pensamiento estratégico que, gracias a las posibilidades que abren las nuevas tecnologías de vigilancia y comunicación, permite organizar un ejército como si fuera una inmensa guerrilla (“swarming”). Concibe pequeñas unidades interdisciplinarias, bien equipadas, conectadas con un centro de mando que les da una perspectiva global de los acontecimientos y les permite ser efectivas en su accionar descentralizado.

Los medios y fines del poder estatal en el mundo actual dependen de la comunicación y el armado de redes, ya sea debido a la tecnología basada en la información, las tácticas militares de swarming o la construcción de hegemonía de las ideas.

Tecnología y geografía / economía

¿Internet augura el fin de la geografía? Aquí es preciso puntualizar que la virtualidad permite una redefinición de espacios pero no necesariamente cancela la geografía. De hecho, el espacio virtual tiene su propia geografía, determinada por los flujos de información.

¿Cómo acercarnos a esta geografía de Internet? Castells señala 3 perspectivas:

* La primera consiste en evaluarla desde el punto de vista técnico: ¿Cómo se configura la infraestructura que permite funcionar a la red? ¿Cómo se configura la conexión de las computadoras que organizan el tráfico de Internet? ¿Qué países y ciudades poseen mayores capacidades en ancho de banda?
* La segunda forma de delinear el mapa de Internet es prestar atención a la distribución espacial de usuarios.
* La tercera alude a la geografía económica de la producción de insumos para y contenidos en Internet. Esta última indaga no sólo acerca de los sitios donde se fabrican los productos (hardware y software) que permiten el funcionamiento de Internet sino también acerca de los lugares desde los cuales se sube contenido a Internet.

Para concluir este breve disparador de ideas e interrogantes es vital tener presente que: “Neither utopia nor dystopia, the Internet is the expression of ourselves-through a specific code of communication, which we must understand if we want to change our reality” (CASTELLS, 2002:6).

Videos recomendados

Manuel Castells - Conference at Annenberg USC School of Communications.

Manuel Castells - Conversations with history (58 minutos)


Lecturas recomendadas

CASTELLS, Manuel (2002) The Internet Galaxy: Reflections on the Internet Business and Society. Oxford University Press. New York.

CASTELLS, Manuel (1998) The Information Technology Revolution en The Information Age: Economy, Society and Culture. Vol. I. Blackwell Publishers. UK.

CUKIER, Kenneth, Neil (2005) “Who Will control the Internet” en Foreign Affairs, November/December 2005.

DICKEN, P. (2003) Global Shift. Transforming the World Economy. The Guilford Press. New York.

INTERNET GOVERNANCE PROJECT Oversight of ICANN: A Briefing for the WSIS Summit (2005) 1 November 2005.


RENNSTICH, J. (2002) “The new economy, the leadership long cycle in the nineteenth K-wave” en Review of International Political Economy, 9:150:182